Aterrizaje forzoso

SeleccionBrinda

De nuevo, eran otros tiempos. Tiempos en los que en el avión que traía a la selección de vuelta a casa después del último partido de la eliminatoria todo era alegría, brindis, euforia y sobre todo celebración. Vuelos en los que aquellos integrantes del plantel que acostumbraban a sacar de sus licoreras, a escondidas, el valor para afrontar el desafío del aire segundos antes de pasar a bordo, podían evitarse este trance gracias a que adentro encontrarían champaña a borbotones y sin miradas de reproche, sino todo lo contrario.

Vuelos que seguramente eran un infierno para extranjeros naturales de países eliminados, pero que para la familia del fútbol fueron inolvidables y, como van las cosas, irrepetibles. Mentiras, hoy también se bebe después de una clasificación. Pero lo hacen los hinchas, en tierra, encerrados en el baño aferrados a una botella, pero no de champaña, sino de brandy y para olvidar, no para celebrar.