Las grandes marcas utilizan a figuras importantes para promover sus productos. Y nuestro querido Freddy Indurley Grisales quien promocionó la Cruz de Gólgota y sus poderes para dar éxito y prosperidad a quienes la portan.
El balance no ha sido muy favorable: Envigado fue último en el torneo y Grisales no se pudo afianzar con el Junior que, con el mejor plantel del país, perdió la final del primer torneo y no clasificó a la segunda.
Otro de los hombres usados para esta bestiarísima campaña fue Carlos Saúl Menem…
Alexander Lemus y Yohan Viáfara, dos baluartes del Millonarios 2002-II.
Cuando se anunció hace unas semanas que el nuevo patrocinador del torneo sería Postobón no faltó quien pusiera el grito en el cielo. Hinchas, periodistas, ciudadanos de a pie y comités de señoras elegantes advirtieron que la presencia entre los equipos participantes de uno vinculado con la empresa que a partir del 2010 respaldará al rentado representaba, cuando menos, un escollo ético, un impresentable conflicto de intereses.
No obstante, en medio del drama nadie cayó en la cuenta de que no era la primera vez que esto sucedía. A los hinchas del equipo sobre el que recayeron todas las miradas les faltó esgrimir en su defensa que en el segundo semestre del 2002 Mustang, patrocinador del torneo, fue también bizarro e improvisado sponsor de Millonarios sin que los bríos del popular corcel de Protabaco hayan servido para sacar a los azules del penúltimo lugar de la reclasificación en el que terminaron ese año.
El Bestiario del balón, siempre preocupado porque sus lectores tengan acceso a programas de televisión de la mejor calidad, se permite sugerirles sintonizar Señal Colombia mañana a las 7:30 PM para que disfrutemos y nos instruyamos con el primer capítulo de la serie documental “De Bogotá en las canchas”. Este proyecto, que contó con la asesoría histórica del Bestiario del balón gracias a alianza semiestratégica gestionada por Maria Ester y nuestro departamento de educación continuada a través de su oficina de gestión audiovisual (en liquidación), comprende nueve documentales sobre la historia del nunca bien ponderado fútbol bogotano con testimonios de futbolistas, directivos, técnicos e hinchas acompañadas de imágenes de archivo muchas de ellas inéditas.
Introducción de la serie.
Las reminiscencias del Olaya, los ídolos foráneos y locales, el fútbol femenino, las glorias trasplantadas y nativas están en esta serie que se ocupa de muchos capítulos que se escapan del alcance del Bestiario, especializado, como ya bien lo saben, en derrotas, fracasos y en figuras de perfil mediano. Aun así, en De Bogotá en las canchas también habrá espacio para las curiosidades que los televidentes con ojo afilado podrán detectar. Les adelantamos una, sin duda un incunable: esta camiseta con caracteres chinos que Santa Fe utilizó en un clásico previo a una gira por la China en 1979. Hasta donde sabemos, este fue el único partido en el que se usó el uniforme pues la gira se malogró por la derrota de esa tarde que motivó a los directivos a cancelar el periplo. No sabemos si luego la directiva firmó convenio con el China Town de la 92 con 11 para ofrecerlas como regalo a cambio de un pedido de 12 o más lomos agripicantes.
Arriba (de izq. a der.) Héctor Burguez, Bélmer Aguilar, Edwin Rivas, Julián Téllez, Jorge López C.y Roger Cambindo. Abajo: Máyer Candelo, Johan Viáfara, Carlos Ortiz, Diego Cortés Bernal y Andrés Pérez.
Todo se remonta al 2000 cuando terminó el vínculo entre Millonarios y la Organización Ardila Lülle y a los azules les tocó salir a la calle a buscar patrocinador. Pronto apareció la antigua empresa coreana de electrodomésticos Goldstar bajo su nueva denominación de LG dispuesta a bajarse de unos buenos pesos para a cambio poder estampar su logo, rojo, en la camiseta azul. La conmoción fue inmediata. Ligas de hinchas defensores del honor, la dignidad, pero sobre todo la tradición y las buenas costumbres, pusieron el grito en el cielo ante lo que consideraron, con algo de razón, una afrenta para una hinchada en ese entonces ya agobiada y doliente.
De nada sirvieron los clamores y la hinchada tuvo que soportar el punto rojo durante todo un año. Algunos optaron por ocultarlo cosiendo encima (bueno, poniendo a la mamá a coserle encima) un parche con el escudo de los entonces Comandos Azules No. 13. Pero la cosa podía ser peor. Al menos en la camiseta titular predominaba el azul, cosa que no ocurría con la alterna de color blanco. Por suerte -hasta donde tenemos registro- durante el año no fue necesario utilizarla.
Para el 2001 se fue LG y llegó Comcel y fin del problema. El fantasma, no Ballesteros ni del descenso, esos llegarían después, reapareció a comienzos de 2003 cuando se rumoró que LG regresaría con su punto rojo a una camiseta que hasta bien entrado el semestre (mayo, para más señas) no tuvo marca. Después de intensas negociaciones finalmente se acordó que el punto en la camiseta azul sería blanco. Tal vez por descuido, no sabemos, no se aclaró cuál sería el color del punto en la camiseta alterna que justo tuvo que usar Millonarios en la sexta fecha del apertura cuando le correspondió visitar en el MACAL de Villavicencio al recién ascendido Centauros. Fruto de este descuido fue la camiseta que vemos en la imagen en la que un voluminoso punto rojo se hace aun más visible gracias al fondo blanco de la camiseta. Un rojo escarlata que por suerte encandelilló a hinchas mareados por las curvas de la vía al llano (y muchos también enguayabados) impidiendo que fueran plenamente conscientes de la mancha en la honra azul que fue esa tarde ese punto rojo.
Santa Fe 1981. Arriba: José James Mina Camacho, Fernando Herrera, Radamel García, Aldo Rodríguez, Miguel Escobar y Oswaldo Marcial Palavecino. Abajo: Eladio Vásquez, Víctor Palacios, Alfonso Cañón, Rolando Tovar y Miguel Ángel Converti.
Pese a que Santa Fe ha estado históricamente más cerca de la pobreza franciscana que del emprendimiento jesuíta, para 1981 se tomó una licencia aceptando el patrocinio de la Caja Social de Ahorros por ese entonces propiedad de la Compañía de Jesús (suponemos, sociedad en comandita). El resultado fue esta camiseta que en la foto luce un equipo al que tal vez la agencia encargada de la publicidad de la entidad financiera no le supo aprovechar todo el potencial que ofrecía para promover sus servicios.
Por ejemplo: tremendo afro de Rolando Tovar pudo haber sido también una invitación a dejar crecer sus ahorros o, caso contrario, una excusa para sugerir que en otras entidades su platica se perdería como billete metido en la manigua de esta cabellera. También podrían haberle sugerido a los futuros clientes que otras entidades bancarias daban incluso menos seguridad que la que alcanzaba a aportar en el arco el gran Mina Camacho en un partido nocturno. Por último, podrían haber dicho en una cuña que el dolor de perder de un sopetón los ahorros de toda una vida por confiar en cooperativas de barrio era incluso superior al de un patadón de los que muy bien sabía propinar Radamel García.
Scotta y Benítez se demuestran afecto jugando a los topes ante la sorpresa de Bolaño.
Antes del Cali-Sharp ya Bavaria había patrocinado al Junior en los 50, Aguardiente Cristal al Once y Avianca al América. Sin embargo, muchos colombianos recuerdan a esta casa japonesa famosa por sus calculadoras como el primer patrocinador de un equipo local. Esto seguramente debido a que a los otros equipos poco se les vio por la televisión, mientras que a este Cali de Bilardo, Zape, el “Pecoso” Castro, ídolo bestiarista, y el gran Diego Umaña (cuando aún estaba más cerca de la cultura rasta que del movimiento emo y por lo tanto aún no era Di-emo) por su existosa participación en Copa Libertadores de ese año en la que perdió en la final contra Boca Juniors.
Para destacar de este sponsor, el descomunal tamaño del anuncio en la parte trasera del uniforme, visible, según expertos de la época, desde el cerro de las tres cruces.
Diego Umaña. Fuentes aseguran que en su afro llevaba escondidos audífonos de un radio Sharp.
Condiciones: que le guste el aguante, que sepa manejar desde camiones Pegaso hasta Simca 1204. No importa si no sabe conducir su temperamento en el estadio. Basta con que sepa manejar automóvil y que escriba el nombre Gerardo Bedoya con “J”, “V” y “LL”.
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De reconocida trayectoria bestiarista, Jesús “Kiko” Barrios en su faceta de pastor ya se había hecho a un espacio en este bulevar de los sueños rotos. Hoy regresa con una postal que evoca los felices días en que la secularización no había tocado aún las puertas de la Dimayor y a este prístino hijo del Señor se le permitía llevar su misión evangelizadora a cuanta cancha del país pisara. Más efectivo que el histrionismo del pastor Enrique Gómez o que el minuto triple A del padre García Herreros, a punta de biblias este cesarense logró reclutar una buena cantidad de almas y coquetearle, por ejemplo, a las de los silbatos seguramente necesitadas de ayuda espiritual y, por qué no, de liquidez para tapar un sobregiro terrenal.
Bonus track: Nótese el patrocinio del Bucaramanga (segundo semestre de 1990) a cargo de Transejes, empresa con pergaminos suficientes para también incluir esta bella instantánea en nuestra sección “Anuncie aquí”. .
Arriba (de izquierda a derecha): Moisés Pachón, Héctor Jaime Múnera, Astolfo Romero, Hebert Armando Ríos, José Luis Carpene, Gabriel Martínez. Abajo: Hugo Ernesto Gottardi, Sergio Angulo, Hernando “Pimienta” Cuero, Raúl Humberto Grimoldi, Julio César Gaona.
El matrimonio entre el alcohol y el fútbol ha parido toda suerte de criaturas. Desde aquellas de carne y hueso fruto, por lo general indeseado, de una noche de tragos y euforia por un gol en el último minuto, hasta esas obtusas coreografías en las celebraciones de los goles de la selección para ambientar la campaña publicitaria del producto estrella del patrocinador (partidos de preparación previos a USA’94, para más señas). Al respecto hay que decir que, pese a la amplia gama de licores disponibles en el mercado, en nuestro medio han prevalecido los mismos elixires que también hacen parte de la canasta familiar de los hogares colombianos: ron, cerveza y aguardiente. Por eso llama la atención la presencia de un fino champán, Madame Colette, en la camiseta del Independiente Santa Fe por allá en 1985. Dicen, no nos consta, que la oferta de la gente de Colette superó a última hora la del también espumoso Sprint 18..
Editoriales, hoteles, suplementos vitamínicos, arroces parvulizados e incluso casas de apuestas han desfilado por los uniformes de los equipos de nuestro rentado. Entre esta muy variopinta gama de productos y servicios, brilla con luz propia TYM, la marca de unos simpáticos autos miniatura que luciera Atlético Nacional en 1987. De la nómina verdolaga de ese año, engalanada entre otros por Higuita, Leonel y el “Chicho” Pérez, mucho se ha dicho. De los miniautos en cuestión hay que recordar la gran aceptación que tuvieron entre los retoños de esa clase pujante y madrugadora que transformó el país. Posa para nosotros el técnico sensación del momento, Alexis García. .
El bestiario es una miscelánea con las rarezas, las anécdotas y curiosidades que ha parido nuestro fútbol profesional. También es un espacio para rescatar del cruel olvido a los marginados, a los que pudieron ser y no fueron y a aquellos que tuvieron sus cinco minutos de fama para nunca más volver.
1. No escribir en mayúscula fija.
2. No referirse a otros equipos de forma despectiva: chandafe, narcoanal, ramerica, pobrenarios, etc.
3. No agredir a otros visitantes.
4. No al regionalismo.
5. Este es un lugar para divertirse (no para pelear).
6. Ser tolerante.
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