
La foto es de 1985 y la verdad es que hasta ahora nos enteramos de que Jorge Orosmán Da Silva estuvo a punto de llegar al DIM. El popular “Polilla”, que luego vestiría en Colombia la roja del América y la azul de Millos,venía de ser, en la temporada 1983-1984, nada menos que Pichichi de la liga española (junto a Juanito) vistiendo los colores del Valladolid, antes de que el Valladolid recibiera el salínico mote de “de los colombianos”.
Por más de que lo intentó, nuestra otrora infalible unidad investigativa, no logró obtener mayores detalles de la transferencia frustrada. Sólo supo que, por alguna extraña razón, al Polilla lo invadió una extraña obsesión: quería, junto al Pichichi, lucir el trofeo que en esa época Seguros Bolívar le entregaba al botín de oro del fútbol colombiano. Una jugosa oferta del Atlético de Madrid lo hizo desistir.

También de 1993, año del primer ascenso del Tuluá. El Cole original, según dicen, después de dedicarle un sábado a la escuela de coles de Pereira, bajó a Tuluá en donde capacitó a otros tantos que previamente habían adquirido el kit Happy Cole. Entre ellos estaba este, presente el día que el equipo “corazón” aseguró el título de la Copa Concasa después de empatar 2-2 con Palmira.
No faltó, por supuesto, el malpensado que sugirió en su momento que, siguiendo el ejemplo del máximo accionista de un club capitalino, algún inversionista tulueño habría optado por esta adaptación libre del traje de Cole para poder presenciar el partido crucial con total tranquilidad.

¿De quién son ojos?

N. de la R. El Bestiario del balón recuerda a sus lectores que la sección adelante con la moda no sólo tienen cabida las camisetas barriales. También es un espacio, fiel a nuestra línea editorial, para rarezas y curiosidades.
Otro incunable. Nacional ya había lucido esta marca comenzando los 80. Luego, involución a su versión Big Cola: D’León. Con camiseta sin marca visible -aceptamos correcciones- dieron la vuelta olímpica en el Campín, la primera de un equipo colombiano en una Copa Libertadores. Vino entonces el gran compromiso internacional, la final de la extinta Intercontinental contra el Milan. Era un compromiso de alcurnia que, desde luego, demandaba las mejores galas. No sabemos bajo qué modalidad, el caso es que se agenciaron este uniforme marca Puma del que no quedaron casi registros pues los fotógrafos se concentraron en Higuita y la foto de rigor de antes de empezar el partido se la tomaron con la chompa puesta.
Terminó el partido -derrota 1-0 con gol de Evani en el minuto 119- y del uniforme Puma ni más. Los verdes pasaron por varias marcas locales hasta que a finales de 1994 firmaron con Adidas. Después de Adidas, en 1997, volvieron a lucir Puma, pero esta vez si fue en todos los partidos y recordando siempre quitarse la chompa para tomarse la foto.

La euforia de los días felices de la selección Colombia a comienzos de 1994 dio para todo. Fue un referente, un Norte colectivo, todos querían acercarse, parecerse a ella y a sus integrantes. Esto hizo, por ejemplo, que los técnicos de los equipos del torneo local se matricularan en masa en las facultades de filosofía de sus ciudades, los volantes diez, por su parte, dormían frente a las tiendas naturistas a la espera del pedido de camomila para aclarar sus cabelleras y los asistentes técnicos ingerían cantidades industriales del alcohol con el anhelo en mente de parecerse a su similar jerárquico en la selección mayor.
Los hinchas no se quedaron atrás, tampoco “el Cole“, símbolo de la fanaticada del equipo de Maturana. Sagaz y pionero, el profesional de la mensajería barranquillero decidió comercializar franquicias de su personaje. En un computador con Wordstar redactó un manual de estilo y un decálogo de imagen y en los días libres que le dejaban los partidos del combinado patrio recorría el país capacitando nuevas generaciones de coles.
Por supuesto, el popular esteticista sabía que debía cuidar su negocio y elementos clave como la correcta distribución de las cuerdas y las poleas para evitar irse de bruces contra el cemento y el dato de la marca de témperas para pintarse la cara sin riesgo de intoxicación no fueron incluidos en el kit Happy Cole, como lo llamó. Esto hizo que los incautos que lo adquirieran terminaran convertidos en una especie de cole decafeinado, un cole versión freeware, como este hincha del Pereira. Para él y para todos los otros coles anónimos que a finales de los noventa surcaron nuestras gradas este pequeño pero sencillo homenaje

El podcast número uno del internet humorístico regresa para contarles:
-Lo que usted quiere saber y no le han dicho de la posesión presidencial. Todo sobre la visita del presidente de Georgia, sensei bestiarista en grado gran comendador.
-Wílmer Cabrera hizo la fila del besamanos presidencial. Exclusivo.
-Tiembla Raimundo, se viene el reinado del árbitro.
-¿Le haría usted ñonguis al “Chomo” Cadavid? Detalles de los ñonguis que tuvieron lugar en la posesión presidencial. Pesquisa.
-Les tenemos al Christo colombiano. Y no es Juan Fernando, ni Julio Sánchez.
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