De Sir Hamilton para el mundo: la postal de Francia'98

Los colombianos recordamos el Mundial de Chile a través de la imagen de Lev Yashin entre desconcertado e iracundo tras el gol olímpico de Marcos Coll. Casi treinta años después, la postal de Italia'90 corrió por cuenta

de Freddy Rincón y su celebración del empate contra Alemania. La de Estados Unidos -para desgracia de toda una nación- no puede ser sino el trágico autogol de Andrés Escobar. ¿Y Francia?

El pasito tun-tun de Léider Calimenio tras el gol contra Túnez, dirán algunos. Pero no. Hechas las indagaciones, la unidad investigativa del Bestiario del balón pudo establecer que si bien la mayoría de los colombianos quisieran que este fuera su recuerdo insignia del mundial francés -lejos, el más insípido en insulso de los cuatro- no lo logran.

Y no lo consiguen porque en el medio se les atraviesa con modales de trauma infantil el madrazo con adición de guayazo que Sir Hamilton Ricard por motivos todavía desconocidos le propinó a la cámara que estaba llevando el partido a millones de hogares en todo el planeta.

¿Qué lo llevó a comportarse de esa forma? Es un enigma aún. Pánico escénico tal vez. O quizás alguna cámara, siendo él más jóven, irrumpió en su intimidad y desde entonces les tiene fobia. O quien quita que, como dicen que ocurrió en su fugaz paso por Santa Fe, su nombre ya engrosara el listado de morosos del bar del hotel y que el lente indiscreto le haya revelado al barman que no era ningún integrante de ningún grupo de música tropical que había cruzado el charco para rebuscárselas en bares latinos. Explicaría la ira que al quedar en evidencia se le cerraría inmediatamente la línea de crédito que había logrado con mucho esfuerzo abrir.

Vía SergioCG.

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El Tren es de Millos, la prueba reina

El rumor siempre estuvo. Ídolo cardenal, de los mejores delanteros que se han puesto la camiseta de Independiente Santa Fe, muchos sostenían que Adolfo Valencia era hincha de Millonarios. Pero pruebas, ninguna. Hasta hoy. El Bestiario del balón tuvo acceso a esta fotografía que es la prueba concluyente del amor que el popular «Tren» siempre sintió por el equipo azul. Bien es sabido que a finales de los noventa existió entre los jugadores de este equipo una logia secreta, la de los «manoverguistas» que el Bestiario en su momento puso en evidencia. El santo y seña de sus miembros era el gesto que le vemos a Valencia en la foto: la mano entre la pantaloneta en contacto con las vergüenzas.

Pues bien, por cosas de la vida y de los empresarios, el «Tren» nunca pudo ponerse la azul. Pero nada le impidió pertenecer a esta logia y antes de cada partido con Santa Fe reafirmar, mediante este pequeño ritual (hecho con cautela, sin que nadie lo viera, como se puede apreciar) que si bien su cuerpo estaba con los rojos, su corazón nunca dejaría de ser azul.

Hallazgo de Jorge Carmargo.