Dentro de un corpiño, una de nuestras habituales colaboradoras en la Unidad Investigativa del Bestiario del Balón pudo acceder a los momentos más tensionantes del diálogo sostenido entre el Jeque y los miembros de la Junta Directiva que quieren vender el club azul. Por ahora las partes se encuentran en un round de estudio para saber si la transacción llega a buen puerto. Una de las condiciones impuestas por el Emir González de turno es que no contará en la próxima temporada con Ignacio “King Hippo” Ithurralde y Ezequiel “Don Flamenco” Brítez.
De acuerdo a los corresponsales colombianos que estuvieron en Barcelona, para los Juegos Olímpicos de 1992, nunca hubo una Selección Colombia mejor alimentada que la que resultó subcampeona del torneo preolímpico en 1992. Comían día y noche en la barra dispuesta en la concentración. Ese hecho y la indisciplina de algunos de sus integrantes se pagó carísimo. Usando un uniforme color “huevo perico” -apenas para homenajear las pantagruélicas ingestas alimenticias- la Selección Colombia fue humillada 4-0 por España. El consuelo tras el final de los Olímpicos fue el mismo de siempre: “hay que decir que los que nos golearon fueron los campeones”.
El uruguayo Carlos Arias ya era conocedor de nuestro fútbol, a fuerza de sacar la pelota del fondo del arco cuando tuvo que defender sin gran suceso las porterías de Cúcuta y Unión Magdalena. Buen arquero, en Santa Fe tuvo sus mejores actuaciones, como este penal que le detuvo a René Higuita en un juego que Santa Fe le ganó a Nacional 2-1. Ofrecemos excusas por los problemas de audio y el tracking del video (los beta nunca se los terminaron de inventar). Sus declaraciones postpartido lo emocionaron hasta la redundancia.
En épocas del “zapote mecánico”, Colombia tenía tres canales de TV y seis goles en contra antes de jugar cualquier partido de eliminatorias. Por esos años Eduardo Emilio Vilarete era el hombre que, como Falcao García en estos tiempos, quedaba desconectado del resto del equipo. Defendían 10 y Vilarete se quedaba intercambiando teléfono con el arquero rival para buscar una transferencia a un fútbol en el que sí le levantaran la bola porque en Colombia, en la selección mejor dicho, la inanición era su amiga fiel. Se moría de hambre, lejos de quienes tocaban el balón, confiado en que un pelotazo lo encontrara al arquero rival guardándose el esfero en el bolsillo o dejando su agenda telefónica al lado de un palo para que él emergiera con un golazo salvador de cabeza, su gran especialidad.
En las eliminatorias para Argentina 78 andaba en esas mientras miraba cómo Brasil y 100 mil hinchas gritaban goles en el arco de su equipo. Fue 6-0 al final, pero cuando llegó el cuarto, obra de Marinho, Vilarete sintió que como siempre, iba a quedarse parado 90 minutos, igual que usuario de Supercade con recibo rosado de teléfono fijo. Se cansó de mirar cómo el resto se divertía -los brasileños- o sufría -cual defensa colombiano ante Roberto Dinamita-, se cansó y pidió un break.
La pelota llegó a la bomba central y el hombre se sentó encima de ella. Pero no le habló: lejos estaba entonces oligofrenia que solamente sabe manejar Quique Wolff. Realmente estaba mamado de aguantar de pie la goleada y su gesto fue tomado en el país como el de la rendición del cobarde, más que del tipo resignado y suficientemente maduro como para dejarse arrollar por la adversidad, verdadero deseo del atacante. En Brasil leyeron su descanso como la humillación más profunda, como cagarse sobre el balón. Una injusticia.
Jugó en muchos lados en Colombia (Bucaramanga, Nacional, Pereira, Tolima, Unión) y en el extranjero (Perú y Ecuador sus estaciones). Ya viejo se retiró en el Bucaramanga, en 1989. Solo hizo un gol, el del video. El último. El 150.
Ante las revelaciones hechas por la Unidad Investigativa del Bestiario del Balón sobre esta secta que día a día tiene más adeptos en el fútbol, desde las altas esferas balompédicas se decidió “blanquear” el tema y no tener más secretos al respecto. En la Selección Nacional varios de los referentes del camerino sostuvieron una reunión con José Pekerman para que se les permitiera profesar esta doctrina sin temor a ser vetados por los federativos. El director técnico argentino aceptó la propuesta solo con la condición de no celebrar con el santo y seña de este movimiento, cada vez que hagan gol.
Iván Mejía, en su “show del gol Criptón”, le sacaba jugo hasta al más anodino partido de fútbol. Bucaramanga y Sporting de Barranquilla provocaban grima, pero nunca más que la que le brotó de las venas al comentarista deportivo al ver que Flaminio Rivas, lateral de los búcaros, hacía un topless insustancial como ninguno. ¿Valía la pena celebrar a rabiar un empate en casa contra uno de los clubes más flojos en Colombia? ¿La hazaña era tan grande como para semidesnudarse en medio de la ciudad de los parques?
Una curiosidad: los anotadores de los goles, Edison Domínguez y Flaminio Rivas, se encontrarían 5 años después en Bogotá trabajando como destacados monaguillos de lujo para Karol Wojtila.
Esta jugosa rueda de prensa tras el partido Junior-Real Cartagena dejó entre otras una reversa de para atrás, la palabra “fulbo” en toda su dimensión, recuerdos de puertas partidas en dos a karatazos y la incertidumbre por la suerte de William González.
No parece difícil, más allá de que el bigote y la delgadez de la juventud pueda despistar. Los rasgos están intactos desde 1978 (momento en el que se tomó esta foto, hasta ayer, que decidió no dejarse ver de los fotógrafos).
El ganador recibirá a vuelta de correo certificado una lengüeta marca abidas firmada por Angelmiro Escobar.
Cada vez que un equipo visita Santa Marta busca durante noventa minutos a la llorona que grita en la grandería. El poder del aullido es tan fuerte como la “loca” o el “morrito” que tantos partidos les hicieron ganar al Unión en su hogar. Luego de hacer una inversión millonaria en equipos de alta tecnología de pesquisa -quienes nos vendieron el kokorikóptero fueron aquellos que nos proporcionaron los instrumentos para hacer el hallazgo- la Unidad Investigativa del Bestiario del Balón revela EN EXCLUSIVA la procedencia del sonido que agita las graderías durante 90 minutos y que se asemeja a la alarma de un Renault 4.
Todas aquellas teorías conspirativas que apuntaban a Felipe Nery Franco como dueño de los chillidos, producidos cuando pisaba con sus pies descalzos las hirvientes arenas de las playas en El Rodadero, o a los alaridos de piedra de Jorge Luis Pinto en el momento que se daba cuenta de que Luis Zuleta no estaba en casa cuando iba a visitarlo en ronda nocturna, han caído hoy como el Muro de Berlín.
El Bestiario, como siempre, está un pedalazo antes que todos.
El bestiario es una miscelánea con las rarezas, las anécdotas y curiosidades que ha parido nuestro fútbol profesional. También es un espacio para rescatar del cruel olvido a los marginados, a los que pudieron ser y no fueron y a aquellos que tuvieron sus cinco minutos de fama para nunca más volver.
1. No escribir en mayúscula fija.
2. No referirse a otros equipos de forma despectiva: chandafe, narcoanal, ramerica, pobrenarios, etc.
3. No agredir a otros visitantes.
4. No al regionalismo.
5. Este es un lugar para divertirse (no para pelear).
6. Ser tolerante.
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