Category: Promesas, sólo promesas

John Edison Castaño

Por , 22 julio 2011 10:57 am

Todavía hoy nadie sabe qué salió mal. Dónde estuvo el error. El caso es que a comienzos de 1985 John Edison Castaño pintaba como el gran redentor del fútbol colombiano, como el llamado a llevar de cabestro a nuestro fútbol de la inopia a la gloria.

Fue la estrella del equipo juvenil que en Asunción, a comienzos de 1985 y dirigido por Luis Alfonso Marroquín, mostró por primera vez un estilo propio, patentado, no pirateado. Pero ni el más acérrimo de los pesimistas se habría imaginado que lo que parecía la alborada de un astro era en realidad su ocaso. Pero así fue. Tras el torneo de Asunción “Castañito” –de entrada se falló con el apodo- nunca volvió a ser el mismo.

Pese a que no existían canales privados ni TV por cable, pese a esto, igual sobre su casa se posó un enjambre de reporteros. Con el mismo estilo invasor que hoy conocemos, periodistas de todas las calañas ávidos de notas de color escudriñaron hasta el último rincón de su hogar. En los corrillos callejeros de fanáticos la especulación sobre su destino inmediato encabezaba el orden del día: ¿Sería Italia? ¿España? ¿Alemania?

Eso sí, mire usted, nadie lo bautizó como “Maradonita”. La razón es que el pesado apodo ya lo llevaba sobre sus débiles hombros Alex Cortázar, otro malogrado talento tempranamente oxidado por la salina expectativa del pueblo colombiano.

Pronto fue llamado a la selección mayor. Hizo parte, junto a Navarro Montoya y al “Pibe” Valderrama de esa peculiar convocatoria que hiciera el médico Ochoa para el repechaje contra Paraguay en los estertores de la eliminatoria de México’86. Pero no brilló. Tampoco meses después en el Mundial de la Unión Soviética, su presencia en ese torneo fue tan vital como una tarjeta visa en un tour por los países de la cortina de hierro. Luego, los dolorosos y con toda: cayó en lo más profundo de la suplencia de un América que tenía con qué armar 4 equipos de primerísimo nivel. Tal vez esto, más unas dosis del cariño jarocho que recibió en sus días felices, lo llevó a conocer, con las peores guías, las realidades de la noche.

Con el Pereira quemó sus últimos cartuchos en 1996.

Sin que nadie lo supiera –las esperanzas depositadas en él ya se habían evaporado- involucionó: pasó de promesa cotizada a futbolista a destajo, refuerzo de cuarto renglón en la lista de anual de altas y bajas. Tuvo múltiples escalas: Nacional, Racing de Avellaneda, Santa Fe, Caldas, Cali, Quindío, Huila y, por último, Pereira. Los últimos ahorros de su efímera gloria se los gastó en una frustrada candidatura al concejo de esta ciudad en 2007.

Christian Arévalo

Por , 5 septiembre 2010 2:07 pm

Apareció en 2005 luego  de una convocatoria que hizo Millonarios para reclutar nuevos talentos en el estadio de Techo. Lo hizo en compañía de un residente de la sala de espera del Bestiario: Tommy Tobar. Ambos venían de San Andrés. Suponemos, que con la firme intención de desbancar a Oswaldo Santoya y a Fabián Barbosa como máximos exponentes del fútbol isleño. En los entrenamientos, dicen, uno se pedía Santoya y el otro Barbosa.

Debutó en el segundo semestre causando grata impresión por sus condiciones pero también por un cierto parecido con el entonces super astro Ronaldinho Gaúcho que algún cronista le supo encontrar. Mostró un par de chispazos, pero no más, apenas para Ronaldinho, pero de Sanandresito. No cuajó, su cuarto de hora duró lo mismo que una bufada del hoyo soplador.

Permaneció en Bogotá en el 2006 para luego volverse cliente platino del expreso Ormeño. Comenzó -le quedaba en el camino- por el Girardot FC, luego  Sport Ancash en Perú -club al que llegó de la mano de Javier Martínez, socio fundador de este espacio-, Sportivo Trinidense y 12 de octubre en Paraguay, para volver por el Suroccidente y temperar en Palmira, donde jugó el año pasado. En Palmira quiso cambiar de rumbo: mientras escuchaba en su iPod -de Sanandresito, por supuesto-  “take me back to my San Andrés…”decidió que era hora de reorientar su carrera y tomó rumbo norte, pensando en llegar, después de recorrer todo el fútbol centroamericano a su tierra natal. Por lo pronto está haciendo escala en el siempre ilíquido Alianza Petrolera.

Marcelino Rentería

Por , 4 mayo 2009 12:09 am

En estas últimas décadas de oscuridad casi total en el firmamento azul, se ha vuelto común el paso de estrellas fugaces que llenan de efímera ilusión a una parcial necesitada como ninguna de una figura que renueve su caduco repertorio de ídolos.

Es en este afán de renovación que hinchas y cronistas se han empeñado en reducir los requisitos para recibirse de ídolo azul a mínimos irrisorios, tan dudosos y flexibles como los que se le piden a la sede (colombiana, por lo general) de un mundial de patinaje. Una de estas estrellas fugaces, o torero, fue precisamente Marcelino Rentería.

Corría el año 2001 y sin ningún ruido apareció en la plantilla de Millonarios este delantero antioqueño con ya alguna historia en Quindío, Junior, Pereira, Pasto y en selecciones de Juegos Bolivarianos y Centroamericanos y del Caribe. En esos últimos meses del 2001 prendió las alarmas con cuatro goles y un gran nivel que abonaba ilusiones y alimentaba el ingenio de la crónica local que pronto lo bautizó “Marcelino pan y gol”. No contaba Marcelino pan y gol con que en el panorama azul se asomaba otro de tantos nubarrones y sin querer queriendo terminó al año siguiente en el ojo del huracán Peter (por Kosanovic) que ese año azotó con vehemencia las huestes embajadoras.

Aún con el viento en contra, se las arregló para opacar a sus compañeros Toro, Jaramillo y a un akilatado Valenciano y en medio del caos consiguió goles suficientes que al terminar el semestre, al redimirlos, le alcanzaron para un pasaje a El Salvador en donde el Alianza le abrió las puertas para escampar, pasear y también jugar.

Con energías renovadas, retornaría a Colombia en el 2003 para jugar con el extinto Cóndor en el primer semestre y otra vez con Millonarios en el segundo. Para el año siguiente bajó de nuevo a la B para reforzar al Deportivo Antioquia para, de nuevo, cerrar el año con los azules.

Para el 2005 paso fugaz por el Florida Soccer y de nuevo incursión en el exterior con el Técnico Universitario de Ecuador en donde alcanzó a marcar 8 goles en 17 partidos. Acostumbrado ya a recorrer el mundo, para el año siguiente terminaría templando en el Córdoba F.C para después regresar a Centroamérica atendiendo un llamado de Pérez, pero no del “Gato”, sino del Pérez Celedón de la liga “tica”. De ahí en adelante su paradero es un total misterio..

Wilfredo Rincón

Por , 3 junio 2008 8:04 pm

En un reciente consejo de redacción, Juan Carlos Bodoque, asistente de divulgación, planteó el interrogante de si los oyentes más jóvenes que han tenido el valor civil de superar el minuto 30 de las más recientes ediciones del Radiobestiario conocían la historia del personaje que dio vida a nuestra algún día estelar sección “El Wilfredo Rincón del recuerdo”. La pregunta de Juan Carlos tuvo acogida y se decidió que era una buena idea rendirle un justo y merecido homenaje a este talentoso pero incomprendido futbolista bogotano de la década de 1980.

Hubo consenso en que la importancia de comenzar por recordar que la década de los 80 no fue la más generosa con el talento nacional y peor si este despuntaba en la capital de la república. Fueron muchos los jóvenes valores que se perdieron por esos años en que a los equipos bogotanos, Millonarios en este caso, les sobraban los recursos para recorrer el país y el continente en busca de figuras. Para los talentos locales, esos que crecían silvestres en la finca de la Autopista Norte, no había muchos ojos ni oportunidades. Sólamente lugares, estos sí de sobra, en el equipo de reservas o, en el mejor de los casos, en el Deportes Quindío, escuadra que en esa época fue una especie de subsidiaria de los azules, situación que llevada al presente, sería como la del Deportivo Cali y el Atlético Huila, el Centauros y, nuevamente, triste y de ninguna manera milagrosa historia, la del “Deportes Atlético” Quindío.

Volviendo a la Autopista Norte, hay que decir que una de estas promesas que se cansó de esperar su turno en el plantel profesional azul, de cruzar La Línea cada que había tres días para visitar a la familia en Bogotá y de dar la vuelta olímpica en tenis y sudadera cuando los compañeros del plantel lo hacían en guayos y sin camiseta fue Wilfredo Rincón. Bogotano, formado en las inferiores azules, mientras esperaba una oportunidad de mostrar su talento y consolidarse en la primera embajadora, estuvo no sólo en Armenia (1986) sino también en Manizales con el Once (1984) y, para cerrar la experiencia cafetera, en el Pereira (1988). Cansado de las oportunidades que no le daban, terminando la década colgó los guayos. Pocos meses después, las puertas de plantel profesional azul se abrirían de par en par para los jóvenes talentos formados en casa. Demasiado tarde..

Diego "Guateque" Moreno

Por , 27 diciembre 2007 10:01 am

Ampliamente conocido por sus lácteos, sus ciclistas y sus hortalizas, el altiplano cundiboyacense se ha visto siempre superado por otras regiones del país en el ítem de producción de futbolistas. Por motivos que aún no se esclarecen y que algunos atribuyen a la composición química de sus suelos y aguas, el jugador del altiplano tiende a perderse entre destellos de calidad que nunca se consolidan, que nunca son bien encauzados.

De gran talento, pero intermitente como árbol de navidad, Moreno irrumpió con fuerza a comienzos del 2001 en el Millonarios de Diego Edison Umaña. La tribuna rápidamente se acostumbró a verlo ingresar en los segundos tiempos y darle alegría a una formación más bien opaca. Como feliz alternativa primero y como ocasional titular después, este hijo de Guateque, Boyacá, se convirtió en la gran esperanza de hinchas y directivos azules quienes no tardaron en encontrarle un parecido con Andrés Chitiva, último alumno aventajado en pasar por las inferiores azules. Un gol que cerró una goleada 4-0 de Millonarios al Huila, fue la presentación en sociedad de la nueva estrella. En medio del bullicio que suele rodear a la figura de la cancha, nadie se imaginó que después de esta tarde de gloria para Diego no vendrían más.

Esto por supuesto no lo sabían quienes al lunes siguiente comenzaron a hacer cuentas alegres con los eventuales dividendos que produciría una transferencia del joven valor. Tampoco contaban con que poco días después, un cambio en la dirección técnica –salió Umaña regresó Luis Augusto García– le quitó algo de impulso al veloz ascenso de quien ya se conocía como “Guateque” Moreno. Pese a esto, siguió mostrando pinceladas en los minutos que pudo jugar. Entre ellas se destaca un golazo desde fuera del área que le hizo a Robert Dante Siboldi, por ese entonces arquero del Junior. A este se le suma otro de similar factura en el último clásico del año, que con no poco dolor recuerda la hinchada de Santa Fe pues con este gol un Millonarios hacía varias fechas eliminado, echó por el retrete la opción que todavía tenía su rival de patio para llegar a la final.

Después de esa noche quien fuera candidatizado como jugador revelación del 2001 comenzó a apagarse. Por las planillas de Millonarios no se volvió a asomar. Intentó, sin éxito, relanzar su carrera en el Atlético Huila y regresó al Millonarios de Norberto Peluffo donde sólo pudo disputar un partido en el que muy pocos lo reconocieron.

¿Quién es ese pelado? Preguntaron muchos de los que tres años antes aclamaban sus gambetas. Sin más oportunidades en Millonarios fue a templar al rival de patio, en donde tampoco brilló como en sus inicios. Hoy lleva una vida tranquila en la siempre cálida Fusagasugá, jugando para el Expreso Rojo de esta población.
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