Category: Debut y despedida

Juan Carlos Gruesso

Por , 13 diciembre 2005 5:01 pm

Contribución de Goncolo

Transcurría el final de la década de 1970 y dos jugadores se disputaban el puesto de crack del Colegio Leonístico de Cali. Ozma, un humilde y talentoso delantero de Yumbo, Valle que estudiaba en un colegio privado gracias a que las directivas le regalaban el costo de la matrícula y el flamante Juan Carlos Gruesso hijo de una familia más acomodada. A Ozma lo apodaban “cucaracho” pero a Gruesso nadie se atrevía a ponerle remoquete alguno porque era uno de los “papitos” o niños bonitos que hacía suspirar a más de una.

Cuando se armaban dos equipos en los recreos siempre estaban uno en un lado y el otro en el contrario por aquello de equilibrar las cosas. Ambos soñaban con llegar al fútbol profesional pero solo Gruesso lo logró quien sabe por que azar del destino… o de la pinta.Lo cierto es que rápidamente las historias de Gruesso entrenado y haciendo goles en las inferiores del otrora “glorioso” Deportivo Cali lo convirtieron en el orgullo del colegio.

Ya para 1984 la “promesa” goleadora del Cali estaba listo para debutar. El equipo profesional acababa de vivir una desastrosa temporada y había contratado a Pedro Nel Ospina con la esperanza de volver por la senda del título. El recién estrenado presidente Nelson Garcés Vernazza había iniciado su incumbencia con una poda en la que habían quedado fuera del equipo jugadores como Javier Solarte, Ricardo César Ruiz Moreno, Rafael Humberto Bravo, César Arce Valverde, Carlos ’Tribilín’ Valencia, Wilman Conde y el ’Cococho’ Alvarez.

Era la hora del crack, la revelación, la promesa goleadora, entre otros calificativos con los que la entusiasta prensa caleña le vendía sueños a la alicaída afición. Mao y Rentería no se cansaban de alabar su “impresionante físico” y la potencia de su arranque demoledor.De las canteras emergieron junto a Gruesso jugadores como Héctor Ruiz, Carlos Enrique ’Gambeta’ Estrada y Oscar Eduardo Ibarra. También habían llegado como refuerzos los colombianos Luis Murillo (Tolima) y José Flórez (Tolima), junto con los argentinos Juan Domingo Patricio Cabrera (Vélez Sarsfield) y Roberto Benito Vega (Nueva Chicago). Estos últimos dignos también de un homenaje por su improductividad absoluta.

Fue así como una tarde de cuya fecha no quiero acordarme le llegó la oportunidad a Gruesso ante la ausencia por lesión de uno de los delanteros del equipo. Era la hora de demostrar que tanto halago tenía sustentación. El titular del diario El País al día siguiente del partido fue elocuente: “¡Un grueso error!”Empezó en el profesionalismo con el pié izquierdo y se fue diluyendo la promesa de la misma manera que “cucaracho” había visto diluir sus ilusiones de llegar al profesionalismo ante la realidad de tener que trabajar para mantener a su madre y hermanos.Mao y rentería compartieron (cada uno por su lado) adjetivos descalificadores contra la novel promesa, que evidentemente fue otra de las promesas incumplidas del fútbol colombiano.

No se supo mucho de Gruesso hasta que hace un par de años ya como técnico, llevó al Valle del Cauca al Campeonatato Nacional sub 21. De allí pasó a dirigir las reservas del América. Ojalá y como director técnico no cometa los gruesos errores que lo marginaron de la gloria.A esto hay que añadir que a Gruesso se la pusieron difícil pues de entrada se le habló de él como el reemplazo de Carlos Amaro Nadal, uruguayo que si tuvo un paso exitoso por el equipo constituyéndose en figura e ídolo para los caleños. Un partido fue suficiente para que quedara claro que su parecido con el uruguayo en ningún caso pasaba por lo futbolístico.
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Juan Reyes

Por , 25 noviembre 2005 6:00 pm

“Un tal Juan Reyes” bien podría haber sido el título de este homenaje. Pedro Pérez, perdón, Juan Reyes llegó de Buenaventura a las inferiores de Millonarios a comienzos de la década de 1990. Después de una que otra asomada por la profesional, 1994 parecía ser el año de su consagración. En una gira de preparación que hizo Millonarios por el Ecuador su nombre comenzó a anunciarse como la gran revelación de la temporada gracias a un par de goles que consiguió en dicho periplo. Estos presagios parecían confirmarse cuando en el primer partido de la temporada fue uno de los anotadores en la victoria 2-1 de Millonarios contra América en Cali. Pocos se imaginaron que el que parecía ser el despertar de su carrera fue en realidad su punto más alto. Después de ese partido, Juan no volvió a figurar por ningún lado. Ocasionales apariciones sobre el final de los partidos fue todo el balance de la temporada. Se le dio una oportunidad más en 1995 que sólo sirvió para confirmar que esos primeros meses de 1994 se habían ido para no volver.

Incursionó después en el fútbol centroamericano sin generar mayor revuelo.
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Carlos Humberto "Jabalí" Rodríguez

Por , 21 noviembre 2005 7:36 pm

Su destino estaba marcado para hacer goles y goles con la camiseta VERDE Y BLANCA, con ninguna otra. Pero este hombre, apodado el Jabalí, nunca vistió el uniforme de Nacional.

Carlos Humberto Rodríguez es uno de los muchos productos de la prensa antioqueña, que todavía sin despuntar en el profesionalismo, ya era uno de los mejores hombres en los clubes paisas. Nacido en el barrio Castilla, cuna de René Higuita y sede de la cancha El Maracanazo, el Jabalí creció haciendo goles como brasileño. Fue goleador de una selección juvenil antioqueña, donde compartía equipo con Daniel Vélez y Carlos Ignacio Canacho Vélez, dos glorias de los peladeros paisas. Los goles con la VERDE Y BLANCA de Antioquia le valieron el paso al Poderoso DIM.

Allí debutó el 14 de julio de 1992, en un partido amistoso frente a la Selección Colombia Preolímpica, aquella que fracasó en los Juegos de Barcelona (Récord Guinnes de fracasados en una cancha). Al minuto 25 entró y 30 minutos después, en la segunda mitad, el Jabalí tiró un centro con tan buena suerte que se le coló a Miguel Calero para el mejor gol de la noche. “Un futuro promisorio”, auguró el periódico El Mundo. “El mejor de la noche”, sentenció El Colombiano. Le cayó la sal.

En el mismo año, Carlos Humberto sólo jugó nueve partidos más, cinco como titular, con un sólo gol anotado, frente al Pereira. Se acabó la temporada, el DIM no hizo nada y llegó, para el 2003, Luis Augusto Chiqui García, con un resultado más que predecible.

El “Chiqui” se deshizo de todos los jóvenes y trajo a sus “juveniles” Rubén Darío Hernández, Óscar Juárez, Carlos Gambeta Estrada, y como no, a su hijo Luis Alberto, todavía un pipiolo.

Al Jabalí sólo le quedó perderse en el bosque del fútbol aficionado, para volver a despuntar en 1995 con la VERDE Y BLANCA, pero no de Nacional ni de Cali… ni siquiera del Quindío… fue del fabuloso Deportivo Antioquia.
En el verde se desquitó y fue el goleador del equipo, que no descendió, pues no había otra categoría más abajo. El Jabalí volvió al Maracaná, pero de Castilla, a seguir con los rodillones.

El mundo del fútbol ya tenía a su “Pantera” Tréllez, a su “Tigre” Gareca, a su “León” Villa, del verde. No necesitaba de un “jabalí”… Hoy se desconoce de su paradero..

Fernando "Bombillito" Castro

Por , 12 octubre 2005 5:09 pm

Otra triste historia. Nadie contaba con el mal resultado que termianría por truncar la carrera de quien era un prometedor lateral bogotano de Millonarios. Pero así fue. Y no fue cualquier derrota inesperada de local contra un sorprendente Quindío ni una estrepitosa goleada en el Metropolitano, no. Quizo el cruel destino que su debút y su despedida estuvieran separadas por tan sólo 90 minutos en el recordado clásico que Millonarios perdió 7-3 contra Santa Fe cuando apenas comenzaba la temporada de 1992. “Todo iba bien, quien se lo iba a imaginar”, dirían seguramente sus familiares años después. Hijo de Fernando “Bombillo” Castro hizo parte de la famosa selección Bogotá sub23 campeona nacional en 1991 junto a Adolfo Valencia, Oscar Cortes, Ricardo “Gato” Pérez, Eddy Villarraga y Freddy León. Todos ellos elementos que más adelante conseguirían no solo jugar más de 90 minutos como profesional sino en algunos casos una verdadera consagración sobreviviendo también muchos de ellos el 7-3. Resultado que dejó innumerables secuelas (ya vendrá el homenaje al Moisa Pachón) y considerables pérdidas, entre ellas la triste y efímera carrera del “Bombillito”. .

Jaime Leonardo Rodríguez

Por , 12 octubre 2005 2:08 pm

Dificilmente hubieramos podido conseguir una foto suya en la que su cabaña no estuviera siendo vulnerada. No deja de producir una extraña mezcla de escalofrío, pesar y un poco de vergüenza ajena la trayectoria de este arquero bogotano: en los dos últimos partidos que disputó como profesional tuvo que sacar el balón ocho veces de la red.
Debutó con el Tolima en 1993 aportando su granito de arena en el descenso del vinotinto y oro. En el primer semestre de 1994 recaló en el Santa Fe y le llegó la oportunidad en un partido contra el Medellín. Ahí fueron los primeros cinco. 72 horas después, en el mismo escenario, Millonarios le encajó otros tres obligando a Jaime Leonardo a buscar nuevas perspectivas para su vida. En efecto, el hijo del “Flaco” Rodríguez poco tiempo después de esta atribulada semana decidió colgar los guayos. En declaraciones a la revista Deporte Gráfico aseguró que el motivo de su prematuro retiro fue el constante retraso en los pagos por parte del Independiente Santa Fe; nosotros creemos que la vergüenza se le agotó en esos dos partidos.

En cualquier caso, lo que Jaime Leonardo no consiguió bajo los tres palos, lo consiguió años más tarde detrás de la barra. Hoy en día es el próspero propietario del popular establecimiento “Pachanga y Pochola”, epicentro por excelencia de la pernicia de los jugadores de los equipos capitalinos. Fuentes que se negaron a revelar su nombre aseguran que la insoportable seguidilla de tediosos empates 1-1 en los clásicos capitalinos que han venido padeciendo ambas hinchadas tuvo su origen en las animadas veladas que integrantes de ambos planteles solían (¿suelen?) protagonizar en P&P. Este lugar inspiró también la conocida expresión que se suele escuchar en las gradas del Campín “está en Pachanga y Pochola” que se utiliza cuando la hinchada encolerizada se pregunta por la ausencia del delantero de turno para terminar una jugada que tenía serios visos de gol. Muchos aseguran también que esta fue la venganza, sútil y dolorosa por cierto, que Jaime Leonardo escogió para con el deporte que tan mal lo trató. Se le ha visto tapando en un par de hexagonales del Olaya, obviamente, bajo otra identidad.
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