Category: La genética se equivocó

Diego Mujica

Por , 14 diciembre 2005 7:42 pm

Un nuevo caso en que la cigüeña se equivocó a la hora de llevar un encargo. Diego Fernando Mújica Rampoldi es el hijo entrenador en propiedad del Tolima de la Libertadores-83, Juan Martín, quien llegó a vestir la celeste uruguaya en 22 ocasiones y dejando huella como uno de los hombres que ganó la Copa Libertadores como jugador y entrenador (Nacional 71 y 80).
Entre todo lo bueno que hizo su padre (quien pasó por el Caldas, Cali y de nuevo Tolima), una cosa marcó el futuro nefasto de su hijo, regalarle un balón de fútbol. “Me hice jugador por mi padre. Siempre me gustó el fútbol, mis familiares lo practicaban y eso me influenció”, dijo Diego Fernando a su llegada a Medellín.
El 12 de febrero debutó Juan Martín en el Poderoso, cuando Luis Augusto García era el técnico del equipo, asistido por Darío Vélez, Gonzalo Garrincha Guzmán y Juan Martín Mújica. ¡Con razón! Diego había llegado gracias a un pequeño empujoncito del asesor del Poderoso. El uruguayo fue titular en un puñado de encuentros, sin goles obviamente, alternando su posición con Álex Fernández y José Luis Pino. Pasaron los encuentros y los malos resultados pululaban. Hasta que el 4 de mayo, menos de tres meses después de su debut, una derrota ante Millonarios hizo que el cuerpo técnico dejara su puesto en el Rojo. En el avión que partió ese sábado del aeropuerto José María Córdoba viajaba todo el staff de entrenadores, y a su lado, como era de esperarse el pequeño Diego Fernando.
Al Benjamín de los Mújica le queda un gran honor, haber militado en el Bordeaux de Francia durante tres años. ¿Adivinen quien rondaba por el club?….

Roberto Alfonso Cañón

Por , 7 noviembre 2005 8:32 pm

De la misma estirpe de Mario Coll, Jaime Rafael Morón y César Zape, el país lo conoció en la seleccción juvenil campeona del juventud de América de 1987. Desde temprana edad, el diminutivo se ensañó con él, “Cañoncito” fue bautizado apenas apareció en el panorama.Otros, más adelante, prefirieron llamarlo “Robertico”. Hoy todos coinciden en que a duras penas fue un “jugadorcito”.

Debutó con Santa Fe a finales de la década de 1980. En 1991 alcanzaría el cenit de su carrera cuando un magistral cobro suyo de tiro libre dejó estático a Hernan Torres, arquero del DIM en esa época,y le dio el pase a Santa Fe a los cuadrangulares semifinales. En el equipo cardenal jugó 208 partidos reportándose en el marcador en 45 oportunidades. Desempeño aceptable pero para nada comparable con el de su progenitor. Su carrera se apagaría rápidamente despues de sendos pasos fugaces por el Bucaramanga , el DIM y el Cúcúta Deportivo. Se reporta también , sin que se haya podido confirmar, un paso por Unión Magdalena.

Casos como el de “Cañoncito” confirman que en el fútbol no se cumple el conocido adagio la astilla y el palo. También confirma que el gen del talento con el balón es recesivo. A la mano está el ejemplo de Radamel Falcao García que, sin duda, le salió a la mamá. .

Catherine Sanjuán

Por , 3 noviembre 2005 11:51 am

Tenía pinta de armadora, aunque de perfil subterráneo. Increíblemente y aunque sus compañeros de equipo en la famosa serie de televisión “De Pies a Cabeza” parecían ser más hábiles (Nano, Pablo, Batey y demás ignotos, como aquel defensa de gafas cuyo nombre no recuerdo , relegado a preparador físico y con serios problemas de dicción al pronunciar la letra “R”), Catherine Sanjuán, que caracterizaba a María José en esta exitosa serie, era la que más enganchaba y la dueña de la visión del equipo que dirigía El Gato Aguirre (Felipe Noguera).

Siendo una figurante más, se hizo conocida por ser hija de Néstor Sanjuán, delantero ochentero que estuvo por Millonarios y Once Caldas. Día a día su importancia dentro del conjunto era más relevante en términos futbolísticos (esos pases gol de María José evocaban al mejor Platini…Sánchez). Pero en términos sociales la cosa cambiaba. Sus eternos silencios y la escasez de diálogos que tenía, competían con la elocuencia cuestionada de Willington Ortiz, refuerzo para esta serie televisiva, que solamente decía en sus intervenciones “Hola Gato”.

Metía goles, pero parecía muda. “Pecho frío” dirían algunos malintencionados que juzgaron su talento por la belleza, que era exclusiva de la hoy entrada en carnes Carolina Acevedo, en aquel entonces belleza más fulgurante de una recua de bagres que encabezaba Andrea Gómez.

Aún se recuerda a Catherine Sanjuán, “María José” por bailar sola y contra una pared en el merendero de Tobi, precario lugar de reunión juvenil que evocaba subterfugiamente la indisciplina de los futbolistas, en este caso no al son del ron o el aguardiente, sino del Kool Aid o Fresco Royal y por ser el verdadero cerebro futbolístico de “Los Gatos”. Cerebro silencioso, pero cerebro al fin.
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Allan Valderrama

Por , 20 octubre 2005 1:04 pm

Otro más que cuando llamaban a su casa preguntaban siempre por “el hermano del Pibe”. Pobre Allan. No queremos ni imagirnarnos como se le revolvían las tripas cuando impajaritablemente en cada una de las pocas entrevistas que concedió el entrevistador de turno recurría a cualquier eufemismo más o menos elaborado para preguntarle, en relación con su hermano, qué fue lo que salió mal con él. Y de alguna manera, tenía razón en hacerlo pues es evidente que Allan Valderrama podría ser un interesantisimo objeto de estudio para cualquier interesado en el enigmatico y, en casos como este, erratico comportamiento de los genes.

En efecto, si se hiciera una lista de las virtudes del Pibe esta serviría sin problema como lista de las carencias de Allan. Él era un jugador de fuerza, enjundia y temperamento. Sin duda, la musa de la técnica y de la filigrana que iluminó a su hermano en una noche samaria iba de afán y prefirió pasar de largo por el lecho del buen Allan. Así las cosas, si el “Pibe” se dio a conocer por sus pases cortos y milimetricos, Allan aún es recordado por sus célebres taponazos y “ollazos” que remataron los pocos bombillos que aún quedaban en los vetustos marcadores electrónicos del país. Y si el Pibe fue un visitante poco asiduo de los boletines de penas y castigos de la comisión arbitral hay que decir que en esa época los formatos de los informes los mandaban a hacer con el nombre de Allan ya impreso.

Pero la madre naturaleza es sabia y, parcialmente, justa y hay que reconocer que Allan gozaba de una virtud (una, al menos) de la que carecía su hermano: así como era capaz de derribar sin problemas un pato migratorio que se cruzara en la trayectoria de un bartolazo suyo, de cuando en vez le sonaba la flauta y su media distancia y sus tiros libres llegaron a ser un arma que algo de inquietud generaba en el técnico rival.

Allan tuvo también una misión encomendada por su hermano: reivindicar la estirpe ante la fanaticada albiazul. Hay que recordar antes el breve y desafortunado paso del Pibe por Millonarios, cuando apenas comenzaba su carrera. El aún tierno Pibe, incomprendido en una ciudad fría y hóstil, no fue de los afectos de Jorge Luis Pinto quien terminó echandolo, entre otros motivos, por haberse presentado a un entrenamiento con un guayo en un pie y un “tenis” en el otro. Con la misión entonces de limpiar el apellido llegó Allan a Millonarios en 1992. Al respecto hay que decir que la fanaticada albiazul sentía al ver el apellido Valderrama en la alineación y en los pocos partidos en los que utilizó la “10″ algo parecido a lo que la teleaudiencia experimentó cuando Don Román llegó a la vecindad en reemplazo de Don Ramón. No era lo mismo ni era igual. Aun así, se puede decir que Allan vivió el tope de su carrera en 1994 cuando fue subcampeón con Millonarios siendo titular inamovible.

Además de un breve paso por el América, militó también en Junior, Caracas F.C., Unión Magdalena, y Unicosta, club en el que le dijo adiós al fútbol activo. Rumores aún sin confirmar insisten en una reciente y fugaz reaparición suya en un club de la primera B.

Allan, celebrando la permanencia del Unicosta en primera división. 1997.

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Freddy Valencia

Por , 15 octubre 2005 10:23 am

Es poco realmente lo que se puede decir del hermano menor del “Tren” Valencia. Jugó en el extinto Condor de Bogotá a comienzos de la década de 1990 (la foto es de 1993) y no trascendió. Su incursión en el fútbol coincidió con el mejor momento de su hermano y ese fue un karma demasiado fuerte para Freddy. Dicen que cuando lo solicitaban al telefono preguntaban: “Gracias, con el hermano del tren Valencia por favor”. Así no se puede. O sino, que le pregunten a Hugo Maradona..

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