
Para el Bestiario del balón –siempre preocupado por el bienestar de sus homenajeados- ha sido motivo de inmenso regocijo la noticia dada a conocer hace unos días según la cual el defensa atlanticense Javier Martínez se confirmaba como nuevo refuerzo del incauto Defensor Sporting de Urguay. Se trata de un logro tan significativo que la redacción de este espacio no dudó ni un instante en otorgarle a Javier la segunda medalla de la orden Francisco Foronda. Las siguientes son las palabras pronunciadas por nuestro jefe de redacción, Tulio Triviño, en el acto de imposición de la medalla que, sobra recordarlo, está destinada a los futbolistas colombianos que han sabido dar ejemplo a las nuevas generaciones en el difícil arte de ordeñar finanzas de clubes foráneos:
“Cuando salió del Millonarios del “Duce” Miranovic a finales de 2004 muchos creyeron que su carrera había llegado a su fin y que gracias a esta decisión innumerables ligamentos, incontables tibias y un número no menos despreciable de peronés de los delanteros rivales se encontraban ahora a salvo y listos para seguir enriqueciendo el mejor espectáculo del mundo. Sin embargo, quienes creyeron que la carrera del crédito de Santa Lucía había llegado a su ocaso, ignoraban olímpicamente el talento con que Dios bendijo no a Javier sino a su equipo de empresarios. Gracias a ellos, Javier logró hacerse a un cupo en el Melgar de Arequipa en donde supo, igual que en Junior, Centauros y Medellín (entre otros) dejar su impronta de juego brusco al tiempo que supo grabar en la memoria de la fanaticada un repertorio de rechazos carentes de cualquier técnica, estilo o buen gusto que hasta el mismísimo Mauro Laspada envidaría.

Habiendo abandonado suelo peruano Martínez aplicó la del hijo pródigo y regreso al club que lo vio nacer para el fútbol: el Girardot F.C. Parecía regresar con la actitud del Salmón que busca el lugar donde nació para poner fin a sus días (como futbolista, sobra aclarar). No obstante, en el equipo cundinamarqués, que venía de ser colero de la B en 2005, Javier no alcanzó siquiera a debutar. Después de varios intentos fallidos sus empresarios le avisaron que alistara maletas y pasaporte. Destino: Defensor Sporting de Uruguay.
Para terminar, no dudamos que Javier sabrá devolverle a los hermanos de la República Oriental un poco, sólo un poco, de la medicina que con dolor nos obligaron a ingerir los Patos Guerra, los Wilson Nuñez, los Quagliattas…
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