
Delgado, muy delgado, este chocoano de tobilleras blancas debe guardar el más dulce de los recuerdos de 1997. Después de sendos pasos por Pereira, Quindío y Santa Fe, Hilmer comenzaba 1997 con la angustia del que sabe que ya no le quedan muchas oportunidades y sin la más remota sospecha de lo que estaba por venir.
No contaba Hilmer con que la fortuna quiso que el día en que se cerraban las inscripciones para la copa de 1997 Millonarios se diera cuenta de que faltaba llenar un cupo y que este preferiblemente debía ser un lateral izquierdo. El dueño de esa posición, Edison Domínguez, recién volvía de una lesión y era mejor tener una segunda opción. Fue así como los directivos azules, seguramente después de agotadas todas las opciones, contactaron a un viejo compadre que resultó ser el dueño del pase de Hilmer. Algo sorprendido pero ante todo incrédulo este, suponemos oscuro, personaje accedió sin remilgos a poner a disposición de Millonarios a cada vez más devaluado jugador. En silencio, con la prudencia necesaria para que esta rebuscada contratación de última hora no generara mayor revuelo entre la hinchada Hílmer apareció una tarde entre los suplentes azules en un partido en Tuluá ingresando para el segundo tiempo. Esto sirvió para que los hinchas más meticulosos en su labor inmediatamente prendieran las alarmas. No en vano se trataba de un jugador que en su momento había sido desechado por Santa Fe y que para mediados de febrero aún no se había ubicado en ningún equipo. Pero estos eran una minoría, la mayoría simplemente lo confundió con un joven valor recién ascendido de la primera C.
La copa de 1997 comenzó bien para Millonarios. La victoria en Cali 2-1 y la que vino después contra Nacional en el Centenario de Montevideo no estaban en las cuentas ni del más optimista. Después vino una derrota contra Peñarol, empate contra el Cali en Bogotá y una nueva victoria contra Nacional en Bogotá que aseguraría la clasificación. Como siempre sucede cuando un equipo logra alcanzar un buen nivel, hasta los más limitados sacan a relucir lo mejor de sus escasas virtudes. Hilmer fue uno de ellos. Por una banda que no era la suya, la izquierda, Hilmer logró cuajar cuatro o cinco partidos bastante aceptables. Pero más que esta seguidilla, lo que confirmaría que esos meses de 1997 eran los de Hilmer fue su convocatoria a uno más de los miles de amistosos contra El Salvador en Nueva York En efecto, Hilmer hizo parte de un invento que por aquella época solucionó graves problemas de liquídez de nuestros directivos: una selección Colombia “B” dirigida por Juan José Peláez. Así, en cuestión de ocho meses, Hílmer pasó de entrenar en un parque bogotano a ser seleccionado nacional. Poco importa que fuera seleccionado “B”; total a sus nietos Hilmer no les dirá “yo fui selección Colombia B”. Simplemente dirá “yo fui selección Colombia”.
El tiempo siguió su curso y 1997 se fue apagando y con él también se fue diluyendo el cuarto de hora de Hilmer. Al año siguiente saldría de Millonarios rumbo al Tolima, en dónde su nivel fue el del Hílmer de Santa Fe, Quindío y Pereira. Cinco partidos disputó en 1999, última temporada de la que se le conserva registro. Datos irrelevantes si se tiene en cuenta que ha había pasado 1997 y a Hilmer ya se le podía identificar por llevar consigo la tranquilidad de quienes ya han cumplido su misión..










