
A comienzos de la década de 1990 el Deportivo Cali vivió días difíciles que obligaron a sus directivos a optimizar al máximo sus recursos humanos. Fue así como en una reunión de la junta directiva la angustia que produjo el exceso de tinta roja en el balance contable del año llevó al gerente administrativo a sugerir una reingeniería interna pensando en reducir al máximo los gastos.
Con consecuencia de este apretón, el utilero en sus ratos libres enceraba la madera de la sede administrativa, el PF se estrenó como jardinero e incluso se llegó a ver al «Guigo» Mafla al mando del conmutador en horas vespertinas. El técnico de entonces, el argentino José Yudica, no escapó a esta política de austeridad. El chofer del bus «azucarero» se perfilaba peligrosamente hacia la jubilación, cosa que, por supuesto, preocupaba a la directiva. Tras una hábil maniobra del departamento jurídico, y cobrando una jugosa indemnización, el conductor quedó desvinculado y su puesto vacante. El buen «Piojo», por su parte, pasó a recibir una bonificación en su quincena de 50 pesos por pasajero. .








