Millo, mascota azul

Otra vez el mercadeo y nuestro rentado. Esta vez no son los uniformes, sino las mascotas, cuestionable herencia del país del norte que algunos equipos han intentado implementar a la brava con resultados francamente lamentables. Un buen ejemplo de estos intentos fallidos corrió por cuenta de Millonarios que, a comienzos del 2000, quiso darle un nuevo aire a su imagen corporativa tan percudida y desteñida como el disfraz del Oso que fungiera como mascota embajadora a finales de los ochenta.
Para tal fin se hizo un alianza estratégica con el recordado y no menos añorado programa “Sin amarillo azul y rojo” del canal CityTV. A través de este medio se convocó a la hinchada azul para que hiciera llegar sus propuestas para la nueva mascota embajadora para ser evaluadas por un jurado integrado, entre otros, por Blanca Luz Uribe -jefe de prensa azul en ese entonces-, un representante del programa y Jorge Franco, presidente de Millonarios. Recibidas las propuestas, cientos, casi miles, “Millo”, un primo lejano -y con una que otra malformación- del tradicional Ziggy se impuso sobre un simpático pajarito inspirado en el ídolo azul, Oscar “El pájaro” Juárez.
No muy bien recibido por la parcial, “Millo” tuvo un bautizo con agua de batería el día en el que el Millonarios de Umaña perdió un invicto de 17 años sin perder contra Nacional en El Campín cortesía de un gol de León Darío Muñoz. También se recuerda su rol protagónico meses después cuando el Envigado atendió, en El Campín, a Millonarios con un 0-3 que desembocó en la renuncia de Diego Edison. El tierno matacho quedaría entonces estigmatizado y pronto la hinchada decidió, con argumentos, que era portador de una “mufa” tan poderosa como Max Caimán. Fue entonces cuando se generó una fuerte campaña contra el muñeco que incluyó todo tipo de peticiones registradas por la City Capsula, llamadas a las emisoras, al club, a la Curia, a todas partes. Para comienzos del 2002, el disfraz de “Millo”, con algunas refacciones, fue visto voleando un trapo rojo a las afueras de un asadero de Cajicá.
Gracias, Embajador.

El oso azul de finales de los ochenta. Identifica de quién son sus ojos y gánate un fin de semana en Pacho (Cundinamarca) con todos los gastos pagos. .
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