Mundial de tornillos: el ADN de Jeffrey. Primera parte

En el fútbol colombiano se preguntan los hinchas por qué delanteros  como Jeffrey Díaz se empeñan en equivocarse, casi a propósito, frente al arco rival, a pesar de que su función es la de marcar goles. Pobre el guajiro atacante. No tiene la culpa de cargar, como todos nosotros, el ADN peninsular, que hace que los seres humanos beban licor en riñoneras y marren goles, ambas con gran éxito.

No es un mal originario de Camarones ese de botar goles imposibles de fallar. No tiene toda la culpa el buen Jeffrey. Más bien, Camarones, Tumaco, Buenaventura, Bogotá e Itsmina tienen el mismo problema: la sangre española que corre por las venas de los colombianos hace que la cobardía aparezca aunque no haya arquero frente al delantero.

Seguro que Díaz, al revisar su abolengo, seguro tiene un apellido Cardeñosa por ahí metido. Fijo es primo de Julio Cardeñosa, atacante de Betis y que pasó a la historia de los mundiales por hacer una jugada bien de Jeffrey durante el Mundial de 1978 y contra Brasil. Pero esta no es la única prueba que relaciona nuestra esterilidad de gol con la madre patria…