Un gol colegial que en 1985 desató la furia

Daba mucha rabia cuando, en los duelos de colegio, el tarado habilidoso decidía dar vueltas y vueltas con la pelota para gambetear a todos los del curso. No importaban las patadas que se le enviaran a las canilleras. El tipo pasaba impune frente a todos. Para completar su faena, se mamoleaba al arquero unas tres veces, se iba con el balón Mikasa despacito hasta la línea y se quedaba parado, sin hacer gol, esperando a que los demás fueran en cacería para evitarlo. La historia era igual: cuando el tarado veía muy cerca la tromba furibunda, tocaba dócilmente la pelota para que cruzara la línea.  Casi nunca la pelota tocaba la red. Era solo eso: tocarla y ya, con el único ánimo de mostrar superioridad y humillar al desairado.

Daniel Raschle era un delantero que actuaba para Cerro Porteño en 1985 y no tuvo mejor idea que hacer esa misma maniobra en un juego de Copa Libertadores frente a Millonarios en Bogotá. El azul debía ganar para estar en segunda ronda pero Cerro ganaba 0-1 con gol de Jorge Amado Nunes. Y pasó como en el colegio: Millonarios por irse a buscar el empate dejó sin protección a Vivalda y Raschle hizo de las suyas. Se sacó al arquero argentino con un dribbling largo y se fue hasta la línea, a esperarlo, sin hacer el gol. Vivalda, al no tener riesgo de recibir matrícula condicional, le mandó a Raschle un histórico planchazo que no evitó el gol, pero que sí fue una catarsis.

El juego, por culpa de eso, terminó en tángana y con el público afilando sus colmillos para comerse vivo a cada uno de los jugadores paraguayos, quienes debieron salir en la tanqueta 505 –un clásico a la hora de disturbios en el estadio-.

¿Y Raschle? Por su gol se suponía que iba a jugar en el Barcelona de España. Casi se le da el sueño. Terminó en el azulgrana Unión Magdalena en 1988, donde no pudo repetir su lujosa conquista de 1985.