Category: Centrales braveros

José "El boricua" Zárate

Por , 6 mayo 2006 8:09 pm

Contribución de YoSoyElCarlos

Recio defensa central barranquillero que fuera una institución en la zaga del Medellín de finales de los setenta y principios de los ochenta. Paso obligado de casi todo central costeño (tronco o calidoso) que se respete, el agreste mulato hizo sus primeros pinitos en el Junior, equipo en el cual comenzó a desarrollar todo el arsenal que haría historia años después. En aquellos pretéritos tiempos, lejanos aún de los Andrés Escobares, Iván Córdobas e incluso de los Luis Carlos Pereas, el Boricua resultó un obstáculo temible en todo el sentido de la palabra para la delantera rival. El caimán Sánchez, viejo zorro él, lo convocó y lo mantuvo como titular fijo para la exitosa selección subcampeona de América en el 75 donde hizo pareja con el histórico guerrero Miguel Escobar.

Fue entonces cuando el Medellín, con la particular sapiencia que siempre ha demostrado en sus contrataciones estelares, puso sus ojos en él. Hechas las gestiones, el “Boricua” debutó en el Poderoso en el 76, dando inicio a una historia de sinsabores que sólo terminaría en 1983. Por ganas, enjundia, entrega y amor a la camiseta el hincha rojo cogió con cariño al pedernal zaguero en esos años de sólo derrotas. Hay que decir, eso si, que técnicamente era tan dúctil como el papá de Jorge Bermúdez. Lento y torpe con el balón, aunque en realidad inteligente para jugar, era un martirio verlo salir jugando con el esférico. Más que un martirio, era un auténtico parto.

Sin embargo, lo que lo marcó de por vida fue su proverbial habilidad para el autogol y para generar penales. Precursor insigne de Álvaro Aponte en ese rubro, no fueron pocos los goles recibidos por el DIM en donde era directo culpable el popular “Boricua”. Partido que se respetara debía tener un gol en contra del Boricua o un penalti provocado por nuestro homenajeado. Lo curioso del hecho es que, a pesar de las puteadas, al día siguiente el fanático rojo comentaba entre risas «la que hizo el “Boricua” ayer». Sinónimo del tronco por excelencia, aportó al argot futbolístico paisa el remoquete de “Boricua” a aquel que demostraba pocas condiciones en los partidos de barrio o en los picados de los paseos de olla (su otro aporte al lenguaje futbolero criollo fue el bautizo de “Bolillo” a Hernán Darío Gómez, cuando el entonces jugador llegó un día rapado al entrenamiento del Medellín). No obstante, es necesario aclarar que no hay hincha rojo de entonces que lo recuerde con odio, más bien se le recuerda con aquella mezcla de cariño y angustia en dosis iguales. A Zárate se le quiere como se quiere al primo o al hermano díscolo.

La anécdota que resume de alguna manera su historia tuvo lugar en un juego DIM-América en el Atanasio cuando le tocó perseguir a Juan Manuel Bataglia en un contragolpe que nació en el área del América y en el que sólo el arquero se interponía entre el paraguayo y el gol. El público, angustiado de ver a Battaglia “proyectándose en velocidad”, con el Boricua persiguiéndolo, comenzó agritar: “¡tumbalo! ,¡tumbalo!, ¡tumbalo!…¡Pero no ahí!” El último grito coincidió con la falta que finalmente hizo el “Boricua” al ariete guaranì .dentro del área del Medellín. Obviamente, después del bufido de decepción general vino la unánime carcajada de resignación: ¿Y qué esperaban? Si se trata del buen Boricua, de alguna manera símbolo de aquellos años de sequías eternas, de decepciones y fracasos con nóminas rutilantes signados por la desgracia que le impedía al “poderoso” impedía ganar cualquier competición en la que hubiera algún trofeo de por medio.

El “Boricua”, por su parte, finalizó su carrera en el Cúcuta Deportivo a mediados de los 80.
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Oswaldo Santoya

Por , 7 marzo 2006 10:02 pm

Recio defensa central sanandresano bastión de la zaga del Cristal Caldas antes de que este fuera el Once Philips y mucho antes de que fuera el Once Caldas que América conoció en la Copa de 2004.

De Oswaldo hay que decir que la suya parecía ser la carrera promedio del irredento central bravero colombiano de no haber mediado un inusual golpe de suerte en forma de excentricidad del inefable “Pacho”. Fue en el primer semestre de 1994 en tiempos del célebre invicto forjado a punta de derrotar extras uniformados cuando se dio a conocer la lista semanal de convocados –esta vez el rival era el Sao Paulo en Bogotá– que en ella aparacieron dos nombres que no estaban en las cuentas de nadie: Nestor Ortiz y Oswaldo Santoya.

Sobre la sorpresiva convocatoria del crédito sanandresano expertos sostienen que este no fue sino uno más de una serie de acuerdos a los que llegaron el gobernador del archipiélago y el entonces presidente Samper luego de que Nicaragua tentara por enésima vez a las islas con mejores perspectivas en caso de que decidieran anexarse al país centroamericano. Los maturanologos, por su parte, sostienen que esta no fue sino una excentricidad más del chocoano a la que no hace falta sobredimensionarla para que no la repita cada vez que retome las riendas de la selección mayor.

Volviendo con el afortunado de turno, hay que decir que su presencia en selección fue tan efímera como un soplido del famoso hoyo del archipiélago. El partido contra Sao Paulo, del que salió lesionado, y una palomita contra Nigeria fue todo el chance que tuvieron los isleños de sentir que al continente los unía algo más que el mero Plan 25. Contrario a lo que sucedería con su compadre Ortiz, Santoya regresaría al Once para permanecer en la fría ciudad surtidora de hidalguía por varias temporadas más. Permaneció inamovible en la zaga caldense hasta que otro desquiciado, Jorge Castillo, se lo llevó para su pomposo DIM siendo este el último registro de este isleño andariego.
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Chedy Devenish y Alex de Alba

Por , 31 enero 2006 5:00 pm

Contribución de Savio

Inolvidable pareja de centrales oriundos del departamento del Atlántico surgidos de la entraña del difunto Sporting de Barranquilla. Ambos hicieron parte, en calidad de bienes mostrencos suponemos, de la negociación que en 1992 llevaría al cuadro barranquillero a la heroica.

Quizás lo único que los mantuvo en la titular del Sporting entre 1989 y 1991 y del Real en 1992 fue su entrega -hay que reconocérsela-, porque como jugadores eran muy limitados técnicamente, lentos y con notables muestras de torpeza en sus movimientos. Por momentos evocaban escenas de filmes como American Ninja.

Un jugador que debe tener muy “gratos” recuerdos de Alex De Alba es Jorge Orosman “Polilla” Da Silva. En un partido que Real disputaba con América en el “Peter de Heredia” el pobre Polilla recibió un descomunal codazo por parte de Alba. Cuenta la leyenda que nunca aparecieron los dientes del jugador afectado.
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Julio César "Mechas" Sarmiento

Por , 12 enero 2006 11:22 am

Cabellera larga y ensortijada, vello sobre los labios debatiéndose entre bozo y bigote, pómulos salidos y una mirada que pondría en estampida a la escolta personal de “Popeye”, “Mugre” o “Icopor”. Estos son todos rasgos de una estirpe de defensas centrales y volantes de marca colombianos que desde la década de 1980 ha tenido a bien atemorizar no sólo a sus rivales en la cancha sino a cuanto niño o anciana se topaban fuera de los gramados.

Julio César “Mechas” Sarmiento fue uno de los precursores de una estirpe a la que también pertenecieron Orlando “Salvaje” Rojas, Leonel Álvarez, Carlos Castro –el volante del Tolima-, Freddy Bogotá y Allan Valderrama entre muchos otros. Como todos los de su especie, “Mechas” se caracterizó más por su enjundia y sus notables deficiencias a la hora de medir la fuerza con la que enfrentaban a sus rivales que por la maestría y sutileza con la que despachaban a los delanteros contrarios. Debutó en el equipo de su tierra, el Bucaramanga, de donde pasó en 1989 al Cali de Wojtila, “Cenizo” Nunes, Rayo y otros que finalmente no lograría clasificarse al malogrado octogonal de ese año. Fue durante su estadía en Cali que Sarmiento fue protagonista de una nota de la sección de deportes del noticiero Criptón, a cargo en ese entonces del “estelar” Esteban Jaramillo, sobre “calvos y peludos”. Según recuerda un miembro del equipo de redacción de este humilde espacio, en esa nota Sarmiento aparecía hurgándose su cabellera “haciendo que los dedos se convirtieran en un trinche ideal para masajear esa mota tan asquerosa”.

Del “Mechas” también hay que recordar la atracción que misteriosamente ejercían él y los de su especie sobre Ricardo “Pitirri” Salazar en esa época gerente deportivo de Millonarios. Gracias a esta malsana atracción, todos los diciembres Sarmiento aparecía sagradamente en la lista de posibles refuerzos azules generando auténtico pánico en una hinchada que ya tenía suficiente con los desmanes de Rojas, Bogotá y Valderrama. Para el alivio de la parcial y para la desdicha del “Pitirri” esta aspiración suya nunca llegó a concretarse y la carrera del “Mechas” siguió su curso en el Quindío y más adelante, en 1996, en el Tolima del “Tucho” Ortiz, junto a Cassiani, Carlos Castro y Alejandro Mullet.
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Francisco Foronda

Por , 5 enero 2006 8:10 pm

Tosco y poco recursivo defensa central que se dio a conocer en Nacional a mediados de la década de 1990. De la misma estirpe de los Galarcios y de los Casquetes, es una verdadera lástima para el género del terror que la vida no los haya juntado así fuera en un solo partido en la misma zaga. Después de Nacional, “Pacho” aterrizó en el Once Caldas club en donde alcanzó un nivel medianamente aceptable. Gracias a la llegada de Javier Álvarez a la selección Colombia de mayores a comienzos 1999 pudo emular a otros ejemplares de su estirpe como Bélmer Aguilar y el mismo Galarcio que –aunque usted no lo crea- también llegaron a ponerse la amarilla. En el Caldas permaneció hasta mediados de 2002 cuando llegó a Bogotá de la mano con el ya homenajeado Alexander Lemus para militar en el Millonarios de Cheché Hernández. De su paso por Bogotá quedaron unas declaraciones suyas que bien resumen lo que fue su breve estadía en la capital: “yo nunca me equivoco a propósito”, afirmó después de una de las varias demostraciones de su talento que debió padecer la parcial embajadora ese semestre.

Viendo que el mercado colombiano no le ofrecía mayores posibilidades, en buena parte gracias a esas declaraciones, Foronda tuvo a bien rebuscarse un rincón del mundo en donde estas célebres palabras no habían tenido eco. Fue así como la liga de Israel, en primera instancia, y la Rusa más adelante disfrutaron de su técnica y habilidad en la zona posterior. No obstante, el mayor hito de su carrera aun estaba por llegar. Fue a comienzos de 2004, época para la que muchos en Colombia ya lo consideraban un exjugador que Francisco apareció en Gimnasia y esgrima de La Plata como refuerzo para esa temporada. Al conocerse la noticia muchos creyeron que se trataba de un error o una inocentada. Si hubieran dicho que Julio “El comandante” Romaña era el nuevo refuerzo de Racing le habrían dado más credibilidad a esa noticia. Con el tiempo, y con la ayuda de algunas imágenes de Foronda entrenando en La Plata que los noticieros emitieron para terminar de convencer a los más incrédulos, se consumó lo que a la luz de los entendidos era una pequeña pero no menos simbólica venganza del fútbol colombiano (se recuerda también el breve paso de Freddy Torres Acosta por tierras gauchas) para con su homólogo argentino por los innumerables pizzeros y taxistas que ha enviado a esta tierra con el falso título de futbolistas.

En Gimnasia, Foronda la hizo olímpica. Jugó muy pocos partidos dedicando el resto de su estadía (seis meses) a labores de índole síndical y a cobrar un jugoso cheque que, se rumora, estaba entre los de más cifras en la nómina. Terminada su estadía y haciendo gala de una sagacidad y de una desfachatez que sólo se le conoce a los nacidos por estos lares, Foronda no sólo no jugó seis meses sino que se fue encolerizado y amenazando a los directivos de Gimnasia con demandarlos.

Registra un breve paso por Jorge Wilsterman de Bolivia y actualmente milita en el Deportivo Italchacao de Venezuela. Nuevamente, un grandazo.

Con información de enunabaldosa..

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