Category: La genética se equivocó

César Maturana

Por , 30 septiembre 2011 5:54 pm

Pacho, enseñándole el arte de la indemnización a César.

Como en la política, como en la TV, y como en la vida, en el fútbol un apellido a veces vale más que mil diplomas. Pregúntenle a  ”Lalo” Maradona, que lo diga Alejandro Cíchero, todos inscritos como beneficiarios por sus hermanos en las mieles de la fama.

Y entre ellos el gran Pacho que a mediados de los 90 vio varado a su hermano César y no dudó en darle un fraterno empujón. Así, y como en su momento lo hicieran Antonio Galán, Ana Cristina Botero, Patricia Grisales o Ariel Valenciano Jr., con credenciales prestadas convenció al Pereira de dar un -dudoso- golpe de opinión y contratarlo como DT en 1994. Ese año el equipo matecaña no clasificó a los cuadrangulares, pero igual en diciembre cantaron los pajaritos a orillas del Otún.  De ahí, y seguramente con el argumento de que “juntos con Pacho estudiábamos la línea, la marcación en zona y el líbero doble stopper después del colegio”,  aterrizó en Panamá en 1996 donde fue seleccionador nacional.

En el istmo perdió la posibilidad de ir a Francia’98 pero ganó un poco de liquidez.  Reapareció años después, en 2004, en Venezuela contratado por el Mineros de Guayana.  Tras una estadía que no superó el trimestre fue despedido y mancilló el honor familiar al no exigir indemnización. Pero Pacho, que es bueno, lo perdonó y al ver que el Bolillo ahora cargaba a Barrabás para todas partes él quiso hacer lo mismo y se lo llevó para Trinidad y Tobago de asistente en 2008.

Desde entonces no se ha vuelto a saber de él. Aunque, si nos atenemos a la redescubierta máxima de su hermano, no saber de él es ya de por sí saber algo de él.

Adivine los personajes

Por , 31 diciembre 2010 4:13 pm

Como si se tratara de un capítulo más de “Padres e Hijos” el fútbol también sabe juntar familias, como si de la extensa prole de los Franco –con Luis Eduardo Motoa y con Luz Stella Luengas y sus gafas sin lente- se tratara.

Estos dos señores estuvieron el el Deportes Tolima a finales de la década de los ochenta. Uno, un volante intermitente, pero de gran clase, recordado amargamente por Carlos Fernando Navarro Montoya y la parcial santafereña que rodea los treinta y pucho. El otro, un recio zaguero reseñado ya en este sitio.

Ellos dos fueron náufragos en aquella formación tolimense, que no tuvo mucho brillo. Hoy sus hijos también comparten club. Eso sí, en la imagen solo uno de los vástagos mojó cámara. Sin duda la genética colaboró muchísimo para que la herencia de los dos, se mejorara ostensiblemente en términos futbolísticos.

Si adivina la identidad de los padres, y obvio, de los hijos, recibirá una invitación –no endosable- en la cámara de masajes “Hamir Carabalí”.

Jaime Rafael Morón

Por , 7 junio 2010 8:20 pm

Tuvo debut fugaz a comienzos de 2003 cuando ingresó faltando pocos minutos en dos partidos del Millonarios de Peluffo. Reapareció a mediados de 2004 en el recordado “kinder de Cortés”. A diferencia de su padre, recordado porque se cansó de darle puntos a Millonarios con sus goles, Jaime Rafael es recordado por algunos pocos sicópatas de la estadística justo por lo contrario: por el punto que le quitó a los azules (sin dolo de por medio, por supuesto) arrancando el finalización de 2004.

Ocurrrió, como casi nunca pasa, que el siempre diligente gerente deportivo de Millonarios, Héctor Javier Céspedes no tuvo en cuenta la fecha de suspensión que recaía sobre Morón por una expulsión en el torneo de reservas y autorizó su presencia en el banco.  Con el partido 1-1 y necesitado de alternativas en el frente de ataque, el novel técnico azul Óscar Fernando Cortés dispuso su ingreso que de nada sirvió pues el partido terminó en empate.  Poco después vino la demanda del DIM, el proceso de rigor y la pérdida de uno de los pocos puntos que logró cosechar un equipo que muchos ingenuos creyeron iba a ser el de peor campaña en la historia azul.

Al año siguiente, sin saldo en rojo en la cuenta de la comisión disciplinaria de la Dimayor, se despidió del fútbol activo jugando algunos minutos-homenaje en el equipo que pasó a dirigir Dragan Miranovic.

Francisco y Andrés Díaz

Por , 5 abril 2008 2:59 pm

Con menos elegancia y clase que otras estrellas del fútbol bogotano, pero con talento de sobra, Ernesto Díaz todavía es recordado como uno de los más excelsos futbolistas capitalinos de la historia. En épocas en las que todavía estaba lejos el libre comercio de piernas, sus condiciones le permitieron cruzar el charco en 1974 para reforzar al Standard de Lieja belga. Además de jugar al fútbol, comer chocolate y papas fritas con mayonesa, en tierras del entonces rey Balduino Ernesto también tuvo tiempo para los deberes maritales. Resultado de esto fueron sus dos hijos varones Andrés Ernesto y Francisco Javier, ambos nacidos en territorio belga y ambos llamados a seguir la senda de talento trazada por su padre, uno de los más recordados portadores de la “7″ santafereña.

Fue precisamente este recuerdo el que salió a flote entre los hinchas cuando en 1993 Germán “Basílico” González incluyó al menor de los Díaz en la convocatoria de la selección sub17 que disputaría el Suramericano del Eje Cafetero. Por su origen europeo, Francisco inmediatamente fue referenciado como “el belga”. Junto a Ricardo Ciciliano, Wilberto Pana, Iber Velasco y Eduardo Calderón, el hijo menor de Ernesto logró, en su primer contacto con el fútbol de alta competencia, algo que a su padre se le escapó de las manos en la Copa América de 1975: un título suramericano. Esto le permitió a Francisco ser también el primero de la familia, suponemos, en visitar Japón, país sede del mundial de la categoría. En la tierra del sol naciente, Francisco no tuvo oportunidad de mostrar sus condiciones viéndose obligado a alternar entre el banco y las tribunas (algunas de ellas en grama o simplemente inexistentes).

Terminada su aventura con la selección y aprovechando los contactos y la buena imagen dejada por su padre, Francisco fue contratado, junto con su hermano mayor, por el San Nicolás de la segunda división belga. En esta nunca bien valorada liga, los Díaz permanecieron hasta el día de finales de 1999 en que el equipo en el que militaban, el Eendracht Aalst entró en una profunda crisis que terminaría con su liquidación tres años después. Algo desubicados, Francisco y Andrés asumieron que era hora de retomar la senda de su padre aterrizando en Santa Fe a comienzos del 2000. Gran revuelo se armó con su llegada y no menos importante fue la expectativa que generaron los hijos de Ernesto. A Francisco -el más conocido gracias a su paso por la sub17- se le asignó, no podía ser de otra forma, la “7″ que había sido de su padre. Siete fueron también los partidos que alcanzó a jugar el menor, cifra que superó largamente a la de su hermano que sólo en una ocasión pudo sudar la roja. En lugar de hacer recordar a su progenitor, los Díaz revivieron entre la parcial el recuerdo de Alfonso Cañón Jr., razón por la que pronto fueron relegados a la suplencia y después a la tribuna.

Una vez terminó su malogrado paso por Santa Fe poco se volvió a saber de los Díaz. En un último intento por desandar los pasos de su padre, Francisco estuvo unos días a prueba en Millonarios en donde no logró un cupo en el plantel profesional. Dicen los rumores que ambos regresaron a Bélgica, cosa que parece ser cierta si hemos de creerle al aficionado que en el 2005 brotó en el foro de hinchas de Independiente Santa Fe con la siguiente inquietud:

Hellow,

I’m Stijn Vermaeren from Belgium.
Sorry for my English, but i don’t speak spanish.

I am supporter of a 3th division team in Belgium, Eendracht Aalst.
Nowadays, Xavier Diaz is testing in our team.

He played with us around 10 years ago (when our team was very good and used to play in the first division). Our board also mentioned he recently played in your team (independiente santa fe), and that is why i am mailing you.

Did Xavier Diaz really play with you?
in first team or reserves?
from when untill when?
And was he good?
Why did he leave you’re team?

many thanx for any information given

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César Zape

Por , 16 mayo 2006 8:54 pm

Uno más que cargó con el pesado lastre del apellido ya consagrado. César Zape debutó a comienzos de la década de 1990 defendiendo el arco del Unión de Magdalena y con la firme intención de superar a su padre, el legendario Pedro Antonio. Desafortunadamente, su irrupción en el profesionalismo estuvo marcada por un atroz bautizo de fuego: una noche caleña en la que el Unión visitaba al América tuvo que sacar ocho veces el balón de su arco cinco de ellas por culpa del “Pony” Maturana. Después de este difícil trago y a diferencia de arqueros que, cómo Oscar Córdoba, han sabido sobreponerse a un 7-3 César quedó algo maltrecho y decidió (o decidieron por él, no importa) que quizás un prolongado retiro espiritual en la Copa Concasa podía aportarle nuevas fuerzas y renovados ánimos.

Después de casi siete años recorriendo las carreteras del país logró regresar a finales de 1998 a la primera división con el Deportivo Pasto. En el equipo de Pasto permaneció hasta 2001 alternando con otros de su estirpe como Miguel Vidal, Andrés “Roque” López y Óscar “La Moña” Galvis (ambos pronto tendrán su espacio). A comienzos de 2002 se vio un vacío en el banco de suplentes del Deportivo de Pasto: César ya no estaba ahí, cansado del peso que le suponía el lastre de su apellido decidió dejar el fútbol para dedicarse a cualquier otra cosa en la que dejara por fin de ser “el hijo de Pedro Antonio”..

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