
Detrás de todo gran bestiarista siempre se esconde… otro gran bestiarista. Esta máxima se cumple a la perfección en el caso de este volante uruguayo que por haber permanecido a la sombra del carismático paisano suyo Óscar Quagliatta no había podido recibir un homenaje merecido por donde se le mire.
Procedente de River Plate (de Montevideo), llegó a Cali para reforzar al equipo del «Pecoso» para la temporada 1995-1996. Al llegar, no sólo se encontró con su compatriota Quagliatta, también con que Martín Zapata y Andrés Estrada se venían desempeñando con lujo de detalles justamente en el puesto al que el «yorugua» aspiraba. Al ver que eran mínimas sus posibilidades de actuar, Martins, suponemos, pidió el favor en la sede administrativa de que se le emitiera un certificado laboral en el que apareciera como arquero sólo para poder acceder a la porción terrestre del reputado plan turístico «venga a Cali, tape en el Cali«. Entre Juanchito, el zoológico y visitas cada vez más frecuentes a la casa de los Quagliatta, a Martins le alcanzó el tiempo para jugar algunos partidos en los que llegó incluso a marcar goles. Se recuerda uno, de buena factura, contra el Huila y otro contra Millonarios. Goles que no le sirvieron para dar en junio la vuelta olímpica con el resto del plantel: para mayo su nombre desapareció de la nómina azucarera privándolo de ser parte activa de los festejos por la sexta estrella.
Sobre su repentina desaparición, asegura una fuente que esta se debió a que su gol contra el Huila fue incluido en un compacto con los mejores goles de la semana en un noticiero uruguayo. Noticiero que fue visto por un alto directivo de la agencia de viajes quien así se dio cuenta de que su más reciente cliente claramente no era el arquero que decía ser. Ofuscado, pidió que lo comunicaran con Martins para decirle que en su agencia hacían fila por lo menos 15 arqueros de verdad ansiosos de comprar el paquete completo, no sólo la porción terrestre.
Ya de regreso en Uruguay volvió a salir del país (con otra agencia) rumbo a Asunción, donde reforzó a Cerro Porteño. Poco después regresó para engrosar las filas del legendario Tanque Sisley, club en el que puso fin a sus días (como futbolista). .








