
De la cantera de «Los Gatos», el país entero supo de sus condiciones en los clásicos que domingo tras domingo disputaba el onceno del «Gato» Aguirre contra la temible Furia Latina, dirigida en ese entonces por Emilio Iriarte. Una vez salió del aire «De pies a cabeza», Batey olvidó la frontera entre la ficción y la realidad y Santa Fe, equipo que lo acogió en sus divisiones inferiores, también. Creyó entonces Batey que todos los partidos de su vida serían como los de la serie (que pasara lo que pasara tenían siempre un final feliz) y que todos los rivales serían del talante de Furia Latina. Después de un rápido ascenso (que, insistimos, habla muy mal de los procesos de selección de talentos de las inferiores rojas) a Víctor le llegó el día de su debut como profesional en 1999 en un anodino partido contra el Huila. No fueron pocas las caras de asombro y tampoco faltaron las risas socarronas cuando por los altavoces del Nemesio se anunció la presencia en el banco de suplentes de un tal «Víctor Álvarez». La prensa, atenta como siempre, ya se había percatado del suceso y se había encargado de generar algo de expectativa. Esto permitió que los hinchas más informados le informaran al resto que se trataba del célebre actor juvenil.
Ingresó al campo faltando pocos minutos y a duras penas tocó el balón. Delante suyo ya no estaba un arrejuntado de extras sin parlamento, no. Ahora la cosa era a otro precio, delante suyo estaban jugadores no solo reales, sino con el bagaje de un Edú Aponzá o de un Arley Mancilla, por poner dos ejemplos. Un par de minutos en dos o tres partidos más le sirvieron a Batey, y a Santa Fe, para darse cuenta que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Los hinchas de Millonarios, mientras tanto, agradecían que Manuel José Chávez si tenía clara esta distinción.
Aseguran haberlo visto hace poco en la Academia Compensar de la primera B..











