Medellín- «A mil» 2009

A comienzos de 2009 Bill y Hillary -como hoy con Santa Fe- estuvieron cortejando al Independiente Medellín. Esto hizo que las empresas que lo respaldaban huyeran con solo oír mentar el apellido de la popular y exitosa pareja. Mientras se concretaba el tema de ingresar a la lista de los afectos del expresidente y la Secretaria de Estado, el «Poderoso» pasó las duras y las maduras, pero, antioqueños al fin y al cabo, no se vararon y en lugar de echarse a la pena o de pedirle limosna al alcalde o gobernador de turno, tomaron la ruta del emprendimiento.

La solución tenía dos pasos y se enfocaba en los países en los que el DIM disputaría ese año partidos de la Copa Libertadores. Lo primero era  mandar bloquear el acceso desde ese país -Brasil en este caso- a cualquier artículo que medio hiciera alusión a las aproximaciones de los Clinton. Para eso se recurrió a un acuerdo de cooperación  con el gobierno chino. Para estar seguros, también, dicen, se mandaron recoger de las librerías para extranjeros todas las revista y periódicos colombianos que hablaran del tema.

La segunda parte comenzaba por mandar traer unas páginas amarillas de la ciudad en la que se disputaría el partido. Una vez llegaban, el jugador con peor desempeño en la práctica del día estaba obligado a abrir una página al azar y llamar a ofrecerle la posibilidad de poner su nombre en la camiseta a la empresa en la que cayera el dedo. El elegido debía recitar, en su mejor portugués, algo así como «en el día de hoy le vengo ofreciendo una súper promoción: el combo libertador-DIM- Un chisgononón que le permitirá a su marca estar en nuestra camiseta y en los millones de televisores de los hinchas que seguirán el partido por sólo mil dolaritos» en el fondo, el plantel preguntaba: «¿a cómo?» y el jugador, sin que el del otro lado de la línea alcanzar a reaccionar respondía: «a mil».

Después de tres días con sus noches en este plan, finalmente consiguieron llenar el espacio y esto a punta de empresas con secretarias colombianas que lograron convencer a sus, desde luego, incrédulos jefes. El trámite, bueno decirlo, se hacía en la calle, con un vendedor de minutos contratado para la operación. Esto para hacerle el quite a eventuales reclamos cuando las empresas que aceptaran se fueran, junto con el equipo, al fondo de la lista de Bill.

Lo cierto es que para el partido contra Sao Paulo (1-1, resultado final) el experimento de emprendimiento deportivo-comercial funcionó. El resultado, la camiseta que ven en la foto con el nombre de cuatro ignotas empresas paulistas.

P.D: Tan concentrados estaban en la búsqueda de clientes que se les olvidó mandar a estampar el logo del torneo en la manga. La solución de última hora fue repartir bandas de capitán a los once titulares para que sujetaran el parche. El lío fue que algunos, ante la emoción de saltar al gramado del Morumbí, se pusieron primero la banda y después la camiseta.