Category: Promesas, sólo promesas

Fabián Martínez

Por , 22 septiembre 2006 12:20 pm

Volante de creación bogotano de la misma camada de Juan Carlos “Paolo” Rodríguez, Juan Carlos Niño y Eddy Villarraga baluartes todos de la selección Bogotá sub23 de finales de los ochenta. Se asomó por primera vez al profesionalismo promediando 1989 cuando una huelga de la primera división obligó a las directivas a llamar a las reservas cardenales con el arquero dentista Carlos Baquero a la cabeza fueron a la primera línea para un partido en El Campín contra el Unión Magdalena (1-0, victoria samaria).

Como es la constante con los jóvenes valores bogotanos, Fabian no pudo mostrar todo su talento en Santa Fe. Fue en Manizales, en el Once Philips del “Moisa” Pachón que en 1990 fue la revelación del año clasificándose para la fiesta de fin de año en una época en la que el Once era Phillips y segundón no Caldas y ganador. Figura en Manizales y estandarte del Once en 1991, 1992 y 1993, fue, junto con Juan Carlos Niño, la cuota bogotana en la selección preolímpica del “Bolillo” Gómez. Sobra recordarlo, la constante en las selecciones de Hernán fue ver a la cuota bogotana en un terecerísimo plano. Esta no fue ni mucho menos la excepción.

El desaire del alocado adiestrador paisa no logró amilanar a Fabián que siguió recorriendo la senda del triunfo en el Once. Su regularidad en la perla del Ruiz hizo que el por ese entonces todopoderoso América fijara sus ojos en él. A comienzos de 1994 se finiquitó el que sería catalogado en su momento como el fichaje del año y Fabián –por esos días el jugador más cotoso del país– desembarcó en Cascajal. No sabía, seguramente lo sospechaba, que su nombre se uniría al de otros tantos jóvenes valores que vieron truncadas sus carreras en los anaqueles americanos. Algunos, algo maltrechos y corroídos, pudieron escapar. No fue este el caso de Fabián de quien no se volvió a tener noticia. .

Diego "Hawaiano" Gutiérrez

Por , 4 septiembre 2006 2:30 pm

Es moneda común en el ámbito futbolístico capitalino el surgimiento de rumores que dan cuenta de la próxima e inevitable venida del mesías en la figura de una joven promesa que algunos pocos iluminados aseguran haber visto derrochando mágico talento en las ya desaparecidas canchas de Chigüiros, en Techo, en el Campincito y demás escenarios del día a día del fútbol aficionado de Bogotá. Tal y como en su momento se habló de Hans Schomberguer o de Giovanni Mateus, el nombre de Diego “Hawaiano” Gutierrez –suponemos que el apodo más que con la isla del pacífico tenía que ver con el concepto culinario insignia de la gastronomía popular colombiana– adquirió visos de leyenda entre todos aquellos aficionados que en plena tertulia gustan de sacar a relucir su condición de iniciado sobre quien ya ha posado sus manos el nuevo mesias anunciandole a los contertulios el advenimiento de quien tendrá la misión de llevar al equipo a la gloria prometida.

Como suele suceder con la mayoría de estas leyendas urbanas, el ansiado momento de la revelación del mesías nunca llegó y aquellos que anunciaban su llegada negaron hasta cuatro y cinco veces haber hablado de ese “pelaito que todos dicen que juega igualito a Willington Ortíz a esa edad”. No sabemos si por un exceso de piña y jamón en la dieta o por el capricho de algún resabiado técnico de las divisiones inferiores de Santa Fe, Diego, en efecto, se convirtió en una leyenda pero de un tipo muy diferente al que todos hubiesemos querido. En lugar de hacerse a un lugar entre los grandes talentos que han desfilado por la primera división cardenal, Gutierrez pasó a ocupar un espacio entre los que pudieron ser y no fueron, entre los mesias que dejaron esperando a la fanaticada.

Obsesionado con una isla en el pacífico en la que, según le comentaron, se desayunaba pizza hawaiana, se almorzaba perro hawaiano y se cerraba la jornada con hamburguesa hawaiana, Diego partió rumbo al norte. En una inesperada escala en Chicago coincidió en la sala de espera con un cazatalentos del “Fire” de esta ciudad que lo obligó a aplazar unos años su sueño hawaiano. Hoy se pasea por la unión americana desperdigando el talento que le fue negado a la parcial capitalina.

Con información aportada por ARGOM17..

Carlos Gregorio Pimiento

Por , 31 agosto 2006 2:55 pm


Imagen cortesía de Gráficas guarichas

Delantero tolimense que sobreviviera a la lamentable catástrofe de Armero. Se dio a conocer en 1987 cuando hizo parte de la selección de Finot Castaño campeona de América en Pereira. Por esa época fue también la revelación del Deportes Tolima en una época en la que del “Tolimita” sólo salían lamentos y pesares. En el equipo pijao hizo parte de aquel memorable tridente ofensivo junto con el samario Jaime Manajarrez y un ignoto volante de creación de apellido Saiz.

Del Tolima pasaría poco tiempo después al Cali; equipo que en 1991 lo negociaría junto con Bernardo Redín al CSKA de Sofía. Todavía se recuerda la nota en la que el periodista de turno lo obligó a mostrar ante las cámaras los calzoncillos de invierno que iban en su maleta. Una vez en suelo Búlgaro, de poco sirvieron los calzoncillos. Salvo uno o dos goles que convirtiera recién llegado (como Usurriaga en el Málaga, como Valencia en el Atlético) cuando aún le quedaba algo de la panela que venía en la maleta, de su paso por el CSKA hay que decir que los calzoncillos no sirivieron para el frío que le asaltó el alma. Poco tiempo después regresó al Cali, en silencio y seguramente sin los calzoncillos largos. Nunca superó la incursión búlgara. Después de su regreso, rápidamente se apagó para el fútbol

Es hoy un connotado cazatalentos en su Tolima natal. .

Alexis Gamero

Por , 10 julio 2006 2:59 pm

En abril de 2003 el siempre genial Pacho sorprendió al país futbolísitico incluyendo en una de las convocatorias de esa peculiar modalidad de robo llamada “microciclos” a un tal Alexis Gamero, defensa de un Cúcuta Deportivo que por ese entonces padecía las duras y las maduras en nuestra querida divisional de ascenso. Cuando se supo la noticia, muchos creyeron que el de Alexis era un caso similar al del ya homenajeado Christian Tamayo y que el Norte de Santander, orgulloso, ponía a disposición de la patria a su “niño maravilla”. Pocos días después de conocerse la convocatoria quedó claro que no era ni niño –para ese entonces ya cargaba con 25 abriles a cuestas– y que maravilla era un adjetivo que sólo le cabía al empresario que en complicidad con Pacho había orquestado tamaña manguala.

Escarbando en su curriculum vitae, encontramos que este mismo Alexis registra breves pasos por Mineros y Unión Lara de Venezuela junto con una oportunidad de probarse en 1998 con San Lorenzo de Almagro que no alteró el normal discurrir de la vida en Boedo. Cinco años después tuvo la oportunidad de descollar con la selección y nada pasó con él. Alexis, con el apoyo de su pool de empresarios, tuvo todo para figurar junto a figuras del talante de Jose Fernando Santa, Gustavo Restrepo, Álex Viveros y Giovanny Hernández en el top 5 de las mentiras mejor vendidas de nuestro fútbol y simplemente no fue capaz, se cansó de desperdiciar oportunidades. Habiendo tanto jugador necesitado en nuestro medio, Alexis hizo la del joven adinerado que le pide al mendigo que no le hable de comida porque acaba de comer.

A comienzos de este año fue despedido del Cúcuta. Agradecemos cualquier información que pueda conducirnos a su paradero..

Carlos Rodas

Por , 11 mayo 2006 1:23 pm

Delantero de la cantera del Cortuluá. Hizo parte de la nómina del equipo que en 1993 se coronó campeón de la Copa Concasa. Después de algunas temporadas sin mayor suceso en el “equipo corazón”, Rodas recaló en el Pereira, equipo en el que a finales de 1997 y pese al descenso del equipo sus ocho goles le permitieron proyectarse como la gran revelación del rentado colombiano y el jugador pretendido por todos. Nacional, América y Millonarios, todos preguntaron por él. Fue tanto el escándalo que se generó en torno a él (fenómeno que rara vez se da en nuestro fútbol) que el “Bolillo” decidió no quedarse atrás y premió su desempeño con sendas convocatorias que aumentaron aun más su cotización.

Como suele suceder en estos casos, las agallas de sus empresarios pudieron más que la chequera de los directivos rojos, verdes y azules, y bien entrado 1998, la revelación de 1997 todavía entrenaba en el parque de su barrio. Finalmente, se le pudo encontrar un campito en el Quindío pensando en que la copa Conmebol que ese año disputaría el equipo cafetero contra Italchacao de Venezuela y Sampaio Correa de Brasil podía llegar a ser algún tipo de vitrina para la joven promesa. Su rendimiento en el Quindío le aportó más argumentos a quienes insistían que lo suyo no iba a ser flor de un día. En consecuencia, una buena producción goleadora en el cuadro cuyabro le representó un ascenso en la escala del eje cafetero y algo un poco mejor que un contrato con el Sampaio Correa: ser uno de los refuerzos del once para la temporada 1999. En Manizales, no obstante, poco se vió de aquel habilidoso delantero que deslumbrara en el Hernán y en el Centenario. En esta ciudad permaneció dos temporadas para luego recalar en el “Poderoso”. Los cuatro goles que marcó con el rojo de la montaña le permitieron retomar la ruta del café y desembarcar para el segundo semestre en el Tolima, equipo en el que dos goles no fueron suficiente para borrar su imagen de flor de un día que para esa época ya comenzaba a hacer carrera. Después del Tolima y fiel a su tendencia de probar toda la oferta laboral futbolística de una región, el Huila fue su siguiente empleador. Su paso por el cuadro opita fue poco menos que discreto; al parecer , lo suyo, más que el fútbol, era una extraña fijación que lo motivaba a recorrer la misma senda que “Tirofijo” recorriera por el viejo Caldas y el Tolima Grande. Después del Huila, sólo le faltaban Marquetalia F.C., Deportes Guayabero, y Atlético El Pato. Deducimos que militó en estos equipos entre 2002 y 2004 pues ningún resgistro se tiene de su actividad durante estos años.

Reapareció en 2004 reforzando las filas de los Pumas de Casanare. A mediados de 2005, como el hijo pródigo, regresó al Tuluá, equipo en el que hacía más de una década había debutado y al que hoy lo encontraba nuevamente en la B. Un rendimiento bastante aceptable en el equipo tulueño le significó a sus 31 años una nueva, y última, oportunidad en el profesionalismo con el Deportivo Pasto, equipo que lo incluyó en su lista de altas para la temporada 2006. Al pie del Galeras, casi diez años después de su irrupción en el fútbol profesional, a duras penas se ven destellos del fútbol con el que deslumbró en su momento al eje cafetero.

Dato adicional: en medio de tantos ires y venires, Rodas se hizo acreedor a una distinción. En el 2000 fue el ganado de una votación promovida por “Tribuna caliente” para elegir al jugador más “piscinero” del torneo. Peor es nada.
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Carlos Eduardo Ortiz

Por , 27 marzo 2006 9:19 pm

Formado en las divisiones inferiores del Envigado y orgullo del tradicional barrio Laureles, irrumpió con gran estruendo marcándole dos goles al América en su debut con Millonarios a comienzos de 2003. Semejante debut dio pie a los excesos periodísticos de rigor que se suelen dar en casos como este, suficientemente documentados ya en este espacio. Para destacar, que una semana después tres apodos gravitaban en su entorno cada uno defendido por sendos bandos periodísticos: “Pelón”, “Copete” y “Pupi” (este último cortesía del siempre acertado Luis Alfredo Hernández).

Su tarde de gloria le sirvió a Ortiz para recibir todo tipo de oportunidades por parte de Norberto Peluffo, técnico azul de la época. Pese a algunos chispazos de talento, a cierta precisión en la entrega y a una innegable enjundia el gol sólo volvió a él a mitad de año cuando tuvo a bien vulnerarar las vallas del Unión Magdalena y del Pereira en los cuadrangulares semifinales.

Un gol de gran factura en Cali esta vez en los cuadrangulares del finalización fue, junto con una fugaz aparición en una preselección de 100 jugadores que hizo circular la Federación, su otra gran conquista de un año que comenzó con mucho bombo y terminó con el paisa como uno más en la nómina azul.

El año siguiente fue cualquier cosa menos el de la “consolidación definitiva” del delantero paisa. A un primer semestre signado por la mediocridad le siguió una abrupta salida de Millonarios a mitad de año motivada por uno de tantos recortes de personal que ha padecido el cuadro embajador en los últimos años. Aterrizó en el Bucaramanga, equipo en el que a duras penas hizo un gol: a Millonarios, por supuesto. Después de su breve incursión santanderana, Ortiz recaló en el siempre hospitalario Chicó, club en el que su desempeño fue ligeramente inferior al registrado con el Bucaramanga, se fue en blanco. Hoy, el alopécico muchacho que haciendo buen uso de la colombianísima norma del sub20 ilusionó a más de un hincha azul pelea con el eterno malgeniado Óscar Londoño un lugar en la delantera del representante del antioqueñísimo Seguros La Equidad.
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Óscar Millan

Por , 22 febrero 2006 6:46 am

Lateral bogotano de la cantera de Maracaneiros que irrumpiera como grata revelación en el 2000 con el Millonarios del “Flaco” Rodríguez. Cuando muchos exigían para él una oportunidad en la selección al año siguiente Millan recaló en el América. Tradicional cementerio de promesas, en el América Oscar no tardó en desaparecer del panorama. Una expulsión en Bogotá después de un conato de bronca con Juan Carlos Jaramillo fue su ejecutoria más sonada con los diablos rojos. Disminuido, pronto abandonaría las filas escarlatas rumbo a Barrranquilla para militar algunos meses sin la más mínima notoriedad en el Junior.

Recaló al año siguiente, 2002, en el Quindío en donde estuvo hasta finalizar el apertura de 2003 sin ser ni la sombra del jugador que se vio en Millonarios.

Para el segundo semestre de 2003 su amo y mentor lo llevaría al Tolima que ese año saldría campeón del finalización. Sin aportar gran cosa, Óscar logró colarse en la foto del plantel campeón de ese torneo. Cuesta abajo en su rodada, su destino para el 2004 fue el Tuluá del “Tino” Asprilla. Una vez más la intermitencia fue su característica. El Tuluá no logró safarse del descenso y sin querer queriendo la B esperaba con los brazos abiertos a quien hace cuatro años era uno de los tantos “laterales del futuro” que ha parido y malogrado esta tierra. La B sería el destino de Óscar para 2005 pero no con los colores del equipo corazón sino con los del Patriotas de Boyacá. Un descalabro en la última fecha le impidió al Patriotas y a Millan, de aceptable campaña, darle un segundo equipo a Boyacá obligando de paso a Óscar, con 26 abriles ya a cuestas, a prolongar un año más su estadía en ese infierno que es la divisional de ascenso criolla.
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Jaime "El tanque" Ruiz

Por , 22 enero 2006 7:13 pm

Un clásico de los suramericanos juveniles: el jugador que tuvo la suerte de que su cuarto de hora coincidiera con los días del torneo y que gracias a eso logró un grado importante de notoriedad por encima de otros jugadores que finalmente son los que logran surgir y consolidarse. Una vez termina el torneo difícilmente vuelve a fijarse en él la fortuna, siempre esquiva, siempre caprichosa.

Ese fue el caso de Jaime “El tanque” Ruiz. Llamado a última hora, este alumno de la Sarmiento Lora logró colarse en la titular por encima de Edixon Perea y Víctor Montaño. Algo torpe y sin hacer gala de mucha fundamentación, Ruiz logró convertir en cuatro ocasiones claves para la clasificación de Colombia al mundial de Emiratos Árabes. Gracias a la euforia generada por la clasificación, Jaime fue presentado como una de las grandes revelaciones del torneo. No había terminado el suramericano y ya se daba como refuerzo fijo del Udinese. Estudiantes de la Plata, equipo en el que se había probado el semestre anterior, maldijo la hora en que lo dejó partir Y lo de siempre: que la nota a la familia, que la cancha donde aprendió a jugar, que el que le vende los calzoncillos, que el nuevo Tren Valencia, etc.


“El tanque”, en su involvidable verano uruguayo de 2003.

Pasada la tormenta, por ahí se supo que lo del Udinese no resultó y Ruiz recaló en el Quindío. Para el segundo semestre de 2003 Ruiz no tuvo cupo en la titular que disputó un mundial que encontró a Perea y Montaño en su mejor nivel. A comienzos de 2004 y con las sobras de la fama del suramericano intentó probar suerte en el Aucas pero tampoco coronó. Finalmente encontró su lugar en el mundo en el Cortuluá, club en el que militó en 2004 y 2005.
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Wilberto "El temblor" Valencia

Por , 20 enero 2006 10:16 am

Contribución de Xeneizebastian.

Su singular remoquete no corresponde a un albañil de Ingeominas ni tampoco a alguien que padezca el Mal de Parkinson a los niveles de Muhammad Alí o Frank Ramírez. Sólo nos referimos a las celebraciones que más bien parecían un agudo ataque de epilepsia de un par de anotaciones conseguidas en su debut por nuestro homenajeado

Al principio, el nombre de Wilberto Valencia sonaba simplemente como un experimento –u obligación por aquello de la norma del sub-20- del entrenador de Millonarios Norberto Peluffo el día de su estreno oficial como timonel embajador enfrentando al Unión Magdalena en Santa Marta en la primera fecha del año 2003.

Lo que vino después fue algo que ni el más optimista de sus primos se lo imaginó: dos goles en su debut en Santa Marta acompañados, obviamente, por la ya citada celebración que sirvieron para que Millonarios lograra sus primeros tres puntos de aquella temporada y para añadirle un poco más de expectativa puesta al clásico frente a Santa Fe qua disputarse una semana después.

Desafortunadamente, su aparición en el “gramado” del Eduardo Santos fue tan efímera como la de Sofía Vergara en Guardianes de la Bahía; tan desgraciada como la de John Leguízamo en la película Carlito’s Way, donde apareció solo para asesinar al protagonista; tan falaz como la de Shakira cuando cantó junto con la banda Aerosmith en unos premios MTV y tan matizada con tintes de estafa como la figura de Francisco Maturana en los banquillos del Vicente Calderón.

Frente a Santa Fe, “El Temblor” solo se hizo notar al entonar el Himno Nacional y en un par de aplausos con los que saludó alguna genialidad de Máyer Candelo, conductor azul en ese año. Wilberto se fue promediando el segundo tiempo y de ahí en adelante, salvo una convocatoria por parte de Reinaldo Rueda a un par de entrenamientos con la Selección Colombia Sub-20 que se preparaba para el suramericano, no pasó mayor cosa con él.

Siendo fiel a la tradición de este espacio de atender a rumores sobre el paradero actual de los más pintorescos ejemplares de nuestra fauna futbolística, se supo hace un par de meses que el homenajeado, en compañía de unos cuantos amigos que poseen las mismas cualidades histriónicas, montó una Ópera-Champeta con la que se fue de gira por los Territorios Nacionales deleitando a propios y extraños con el singular paso que inmortalizó en el “césped” del Eduardo Santos en la tarde de su cuarto de hora.

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Julián Martínez, la "Estrella azul"

Por , 26 diciembre 2005 6:09 pm

Pregunta que nunca falta cuando coinciden por lo menos dos fanáticos y dos cervezas: “ole, y ¿qué habrá sido del pelado que ganó ese reality para escoger dizque la estrella azul?”. Sin querer queriendo, el destino de Julián Martínez –ni los más enfermos recuerdan su nombre- ha sabido hacerse a un lugar entre los grandes enigmas contemporáneos: ¿es verdad que la mamá de Prince (el cantante, no el técnico) es caleña? y ¿alguién sabe qué pasó con la estrella azul? son dos preguntas que suelen ir de la mano en cualquier velada en la que aflore el tema de los mitos y las leyendas urbanas.

Ganador de “Estrella azul”, reality que en los índices de recordación popular sale mejor librado que “Protagonistas de novela 2 y 3″, “Nómadas” y aquel que en el que se encerraba un lote de guarichas para que un supuesto multimillonario las escogiera, Julián Martínez tuvo sobre sus hombros la responsabilidad de demostrar que el género de los realities también podía favorecer a quienes esgrimían talentos diferentes a la talla del brasier. Desafortunadamente, esta carga pesó demasiado sobre quien sin haber debutado ya había sido primera página de El Tiempo y –especialmente entre el público femenino- era más popular que el mismo Peluffo, técnico azul en aquel entonces, y que el “Cabezón” Rodríguez.


Julián, acosado por la prensa.

Confirmando aquello de que a la televisión no hay que creerle de a mucho, Julián no llegó de buenas a primeras al plantel profesional de Millonarios. Una vez derrotó a Mario Anchique en la final del concurso a comienzos de 2003 junto con otros siete u ocho participantes Julián fue ubicado en el equipo de primera C. Acostumbrándose cada vez más a a ser blanco de todas las miradas y comentarios, Julián tuvo también algunas esporádicas incursiones en el equipo de reservas que ese año disputaba los preeliminares de los partidos de la profesional. De su primer año en Millonarios se destacan unos minutos finales de un preliminar de un clásico entre las reservas de los dos equipos capitalinos cuando en el estadio ya había unas 20,000 personas y otros minutos que Peluffo lo dejó jugar en un amistoso contra Honduras en el país centroamericano. Esto fue lo más cerca que estuvo Julián de eliminar de una vez y para siempre el diminutivo “ita” que aparecía cada vez más acompañando a “estrella” cuando de él se hablaba en los corrillos. De acuerdo con un entrenador que lo tuvo a su cargo al ser consultado por la unidad investigativa del Bestiario, una nociva mezcla de indisciplina, lesiones y la pereza, fiel compañera de quienes crecieron más arriba de San Alberto, comenzó a hacer mella sobre Julián.


Julián, en su primer entreno con la profesional.

El 2004, que pintaba como su año definitivo, comenzó para Julián en medio de estas mismas variables. Esta siguió siendo la constante hasta mediados de año, cuando una agobiante crisis económica obligó a Millonarios a afrontar el torneo local y la Copa Suramericana con un plantel de juveniles. Para Julián esta sería su última oportunidad. Era ahora o nunca. Fue así como en ese segundo semestre, no sobra recordarlo, debutó todo aquel que pasó por el kilómetro 21 de la autopista norte con unos guayos al hombro preguntando por “lo de jugar los domingos en el Campín”. Esta promoción abrió las puertas para que debutaran Jimmy Montes, Fabio Tamayo y Jaime Rafael Morón entre muchos, muchos otros afortunados que de otra forma jamás llegarían a pisar el gramado de la 57. Tan crítico era el cuadro del paciente que llegó incluso a debutar Difilipe, pintoresco mochilero argentino que pronto recibirá su homenaje. Todos debutaron, menos Julián.

Terminó el 2004 y con él las excusas para quien a esa altura ya había hecho méritos suficientes para que el diminutivo “ita” acompañara por siempre al sustantivo “estrella”. Para el comienzo de la pretemporada de 2005 su nombre ya no apareció. Este abandonó para siempre el mundo de las vendas, el mentol y la pecueca para instalarse junto al del Tuto Barrios y al de Pepita Mendieta, en el más bien sórdido mundo de los mitos y leyendas urbanas que de cuando en vez es visitado por algunos pocos sicópatas cortesía de sendas botellas de Vatt69.
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