Eduardo y sus videos

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Cuando era jugador, «que «el Mecato» nos robó», «que «Chucho» Díaz me persigue», «que Armando Pérez no me entiende». Después, como técnico, «que el «Cacharrito» nos tiene en la mira», «que la comisión arbitral nos acosa», «que el mundo del fútbol gira en contra de los intereses del Chicó». Finalmente, ya de directivo, «que el alcalde de Tunja me incumplió», «que el del Gremio se poposeó», «que al Chicó nunca lo van a dejar ser campeón». Bien sea como jugador, técnico o directivo el caso es que Eduardo Pimentel siempre ha vivido entre videos. Más que el fútbol, su verdadera vocación en la vida son los videos, tal y como lo prueba esta imagen, que data de 1986 cuando el joven Eduardo combinaba entrenamientos y partidos con la atención de «Batiamax», su negocio, de videos, por supuesto, en el norte de Bogotá. Allí, dicen los que saben, solía quejarse de que los clientes no rebobinaban los casetes, de que se los entregaban tarde, de que se hacían los pendejos con las multas e, incluso, insistía que algunos santurrones le grababan fragmentos de Silvestre y Piolín sobre escenas de soft porn.

Por último, si se observa con atención, se podrá ver como, temiendo una conspiración en su contra por parte de la Empresa de Energía Eléctrica de Bogotá, dispuso ubicar una lámpara Coleman en un punto estratégico del local. «Uno nunca sabe, yo sé que a esa gente no le caigo bien», dicen que le oyeron decir.

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Detalle de la lámpara Coleman que mandó instalar Eduardo.

El fallido truco playero de Rubén Cuevas

Habría que ser el inspector Ruanini -inmortalizado en «Sábados Felices por Carlos «Mocho» Sánchez»- para poder revelar el misterio que envuelve esta imagen en la que nuestro mítico y apreciado Rubén Cuevas tiene atrapado en el caucho de su pantaloneta su documento de identidad.

Dicen los que conocen los pasillos húmedos de los camerinos del estadio Olaya Herrera que un día Cuevas se fue a jugar un partido importante con su «Olaya-Millonarios» enfrentando a «Lácteos Montaña y Fandiño» en uno de esos lindos clásicos que se ve en el suroriente entre diciembre y enero.

Ese día Rubén olvidó llevar su tula deportiva para guardar sus implementos personales y a falta de lockers y casilleros en los vestidores del Olaya, tuvo una brillante idea: le pidió de urgencia unos guayos a un compañero y acudiendo a un truco playero, usó sus inseparables tenis «pisahuevos» para guardar tres billetes de quinientos pesos, las llaves de la casa y su cédula en la punta del zapato. Ahí ningún ladrón iba a buscar, eso era seguro.

Todo fue negro esa tarde: como Cuevas acostumbraba atajar con sus «Pisahuevos» jamás se pudo acostumbrar a los guayos adidas Beckenbauer talla 36 que le prestaron. Calzando 42, no podía saltar ni caminar el área; le metieron cinco. Triste, regresó al camerino y se dio cuenta que sus amados Croydon habían desaparecido y con ellos, los 1500 pesos, las llaves que tenían el llavero con la leyenda «¿Dónde dejé las hijueputas llaves?» y sus papeles.

Por eso nunca más volvió a dejar su cédula abandonada. Y mucho menos sus pisahuevos. Y cuando iba al Rodadero dejaba sus pertenencias en el hotel o llevaba colgado al cuello el tubo-monedero color flúor, ese que no deja mojar los billetes..

La Santa Sede


Archivo: Sebastián Heredia.
Foto: Kokorikóptero.

Harto se ha criticado a Millonarios y sus intentos de estadio, pero por los lados rojos, su proyecto de hacer una gran sede deportiva, al mejor estilo de los grandes clubes del mundo ha pasado de agache. Al menos hasta hoy.

Santa Fe iba a tener una sede digna, de alcurnia. Claro, eran buenos tiempos: un santafereño era presidente (Ernesto Samper) y la nómina del equipo era balanceada, llena de buenos nombres y con un entrenador como Julio Comesaña que apenas dos años atrás gozaba de las mieles gloriosas llevando al Junior al campeonato y poco después a las semifinales de la Copa Libertadores.

César Villegas, diligente directivo del club cardenal se encargó de revelar en la revista oficial de la institución la locación, que haría morir de vergüenza y envidia a clubes como River Plate, Inter de Milán y Sport Ancash. Lo de Sport Ancash es cortesía de la casa pues en el lacrimógeno texto escrito por el finado ex subdirector de la Aerocivil –en tiempos en los que Álvaro Uribe era el director- expresa que “La ciudad tiene el material humano para tener una institución de primer nivel como el Barcelona de España, el Milan de Italia o el River Plate de Argentina”.


Arriba: Víctor Hugo Ávalos, Wilson Gutiérrez, Farid Mondragón, Mauricio Matallana, Juan Manuel Peña, Nelson Flórez. Abajo: Nelson Hurtado, Francisco Witthingham, Jaime «Choco» Suárez, Daniel Tilger, Rubén Darío Hernández.

El Polideportivo, ubicado en la calle 64 con carrera 30, contaría con 300 parqueaderos, area cubierta para deportes, “área húmeda” (y no se referían a las aguadas definiciones de Jeffrey Díaz en las 18 que vendrían pocos años después, sino al sauna, turco y piscina), área para aeróbicos, cinco canchas de squash, campo de golf de 8 hoyos –qué diría Camilo Villegas pensando que le haría falta un solo hoyito para poder jugar a lo bien- seis canchas de tennis y una cancha de fútbol con medidas reglamentarias en la primera parte del proyecto.

La segunda etapa de desarrollo traería consigo graderías para 5 mil espectadores en la cancha prometida, así como camerinos a todo taco, dos canchas más para poder entrenar, y la sede administrativa, con salón de trofeos, oficinas de presidencia, vicepresidencia y sitios de reposo como salones de juegos con mesas de billar, bolera y sala de videos. -Videos, los de Villegas-. Ah, y el noveno hoyito, este para Camilo, no para César.

Costaba solamente 500 mil pesos afiliarse y toda la familia tendría derecho a pasar un rato más cerca de sus ídolos. Tomarse una piñita colada y discutir sobre los cambios en el equipo con Comesaña en el Sauna, ganarle las flautas para pasar de mundo a Farid Mondragón en Mario Bros 3 –habían comprado un Family con anticipación, ya que no había suficientes afiliados como para el Nintendo-, y hasta compartir un duelo de damas chinas con Eduardo Orozco. Era todo posible.


Se especuló en ese entonces que iban a ser contratados los mismos ingenieros y arquitectos que ejecutaron la edificación del Kartódromo «Los Gansos» de Chinauta, para que el emprendimiento estuviera a la altura de las más grandes obras maestras.

Pero a Villegas lo enguandocaron por estar de “hombre araña” en el proceso 8 mil. Y en “la sombra”, se sabe que la gente que antes se amaba, termina perteneciendo al otro “bandi”. Villegas murió en el 2002, el lote donde se iba a edificar tal magno proyecto adornó la paralela de la 30 con tres bulldozers y las ruinas de una camioneta Citroën Tiburón blanca, tres viejas patrullas de la policía marca Volkswagen Brasilia y un Zastava.

Por eso, cuando al presidente Uribe le preguntan por sus supuestas visitas a Villegas a la cárcel, él debería responder que era “negociando la Citröen Tiburón”. ¿No era por eso, acaso?

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El Giocondo

Conocido también como «El Mono Liso» es un verdadero incunable en la historia del fútbol-arte colombiano. El lienzo, encontrado en cercanías del Estadio de Lens, mientras la Selección Colombia jugaba contra Inglaterra y sellaba su eliminación, muestra la figura de un crack costeño con un inexplicable aire de melancolía en su mirada.

Aunque se dice que el modelo se le vio alguna vez en la siempre tentadora Montpellier, se afirma que el original tenía crespa y blonda pelamenta. El artista que captó la obra descubrió una faceta extraña: el pelo liso, caído sobre los hombros y lejano de ser el afro que se estilaba usar en los años setenta y ochenta, da un aire enigmático y de misterio.

Algunos boicoteadores intentaron dañar la obra a patadas durante poco más de 16 años. En Colombia, lugar de donde emergió el cuadro, se hicieron serias tareas de restauración para preservar perpetuamente el lienzo a pesar de los años y las cicatrices en las pantorrillas. Se trataron de hacer copias burdas del original como «Angustias» (un plagio de «El grito» de Edward Munch»), y esculturas como «El David Ferreira», pero todo fue en vano. Ninguna igualó al «Mono Liso».

La magnánima creación reposa tranquila entre Barranquilla y Estados Unidos.

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¿De parte de Dios o del Diablo?

Pocos seres humanos se han dado el gusto de tomarse una foto con el Santo Pontífice de la Iglesia Católica. De los que recuerda nuestra redacción y que sean oriundos de nuestro país, los únicos que coronaron visita papal fueron Juan Guillermo Ríos y Antonio José Caballero, pero es una empresa difícil.

Sin embargo hubo alguien que los sobrepasó. Nuestro bien conocido crédito Nelson Rivas la volvió a sacar del estadio. No solamente le bastó con conseguir un traspaso del Cali a River Plate. También parece chico que Nelson hubiera podido conseguir pasaporte comunitario y jugar con el poderoso Inter de Milán.

Pero Rivas no tiene límite: aunque su compañero, el bravo Marco Materazzi se pidió salir a la derecha del padre, en una producción fotográfica realizada por el Inter en sus 100 años de historia, Rivas con una pilatuna de primaria lo hizo quitarse de ese lugar.

Rivas le dijo :»Ve Marco, que por ahí anda Zidane todo rabón a buscarte». Materazzi se quitó y Nelson se ubicó justo en el puesto que Marco guardó desde las 7 de la mañana para salir al lado del Papa. Esta es la imagen que certifica primero, la habilidad de Rivas en estas trapizondas (verlo a mano derecha de la imagen, detrás de Joseph), y la cara de decepción de Materazzi (en la esquina derecha, casi alzando la trompa para alcanzar a salir en la imagen), que fue engañado con el más pueril de los trucos.

Eso sí. Rivas es un berraco pero hay que decir que nunca logró fotografiarse con otro amigo de esta casa: Karol Wojtila..

Les voy a quitar uno o dos minuticos de su apreciado tiempo…

Vélez Sarsfield, el club que en 1994 era campeón de Libertadores y ganador de la Intercontinental de Clubes ante el Milan, era un conjunto modesto, de hombres trabajadores y honestos. Omar Andrés Asad aprovechó la visita de su club a Bogotá en el marco de la Copa Tecate (donde también estuvieron la Selección de Polonia, Millonarios y el Pachuca de México) y conminó a sus colegas de equipo para que a falta del dinero que podrían ganarse en clubes como River o Boca, pues no sería malo hacerse unos centavitos vendiendo maní agarrapiñado, waffers Italo, o gomas Trululú.

Por eso y aprovechando que José Luis Chilavert no fue a esa gira, cediéndole el puesto al portero Sandro Guzmán, el plantel se dividió en varios grupos y el dinero recolectado se utilizaría para mejorar sus condiciones laborales. La cosa fue sencilla y todos estuvieron de acuerdo: Omar Asad y Carlos Bianchi, entrenador del conjunto velezano, se encargarían de vender maní dulce. El «Virrey» daría la muestra gratis del maní y Asad echaría la carreta y recogería el dinero. Y los demás propusieron sus propias actividades: José Basualdo se disfrazó de mimo para molestar incautos en el Parque Santander, Flavio Zandoná se llevó tres recipientes plásticos y una pelota roja para jugar «dónde está la bolita» en la Jiménez con 7a y Sandro Guzmán, con Raúl Cardozo, armaron un dueto de tangos que iba a buscar alguna «contrata» en la Caracas con 53.

Pero volvemos con Asad y Bianchi: El turco se subió, como corresponde, por la puerta de atrás con Bianchi. El veterano DT le dio su bolsita de maní al conductor y le chocó la mano para que los dejaran vender, a pesar de que se acababa de bajar un hare krishna.

Asad comenzó su discurso así, mientras que Bianchi despertaba bogotanos cansados en el ejecutivo e-43 destino Germania poniéndoles el maní en el canto. Un testigo del hecho anotó el discurso de Asad para vender el preciado maní.

«Ché, queridos pibitos, discúlpenme si andan ratoneándose a la mujer de su amigo, o tomándose un matecito. Giles, les voy a zarpar uno o dos minuticos de su apreciado tiempo para mostrarles ¡un maní báaaaaarbaro, el mejor de todos!. Acepten la pruebita que les está pasando el profe en cada uno de sus puestos y cómanla sin ningun compromiso. El precio o valor es uno en 500, tres en 1000. Para aquelllllllllllllllllllos que adquieran flor de producto que les estamos dando, no arrojen los papelitos en el bus porque el aseo es salud».

Así les fue a ellos y recolectaron 13 700 pesos entre todos. Por el cansancio que les produjo ese trabajo no pudieron afrontar bien su duelo contra Millonarios y perdieron 3-0. .

El patrocinio por la culata

Otra vez el Once Caldas y sus problemas de indumentaria. Sólo que esta si fue, literalmente, mundial. Ocurrió a finales del 2004, cuando en calidad de campeones de América, a los de Manizales les correspondió disputar contra el Porto de Portugal la última Copa Intecontinental de Clubes. Faltando pocas semanas para el partido, la directiva del Once convocó a una rueda de prensa en Bogotá para presentar la camiseta que luciría ese día en Yokohama. Creyendo ser muy astutos, los directivos manizaleños decidieron sacarle el máximo provecho posible a este pantallazo consiguiendo patrocinadores diferentes al habitual (Cerveza Poker). En consecuencia, en la «percha» presentada con mucho bombo ese día, incluía también el logotipo de la Federación Nacional de Cafeteros (en la espalda, sobre el número) y el de la empresa de telefonía celular Bellsouth (a la altura de los hombros, sobre las mangas).

No sabemos si ya se habían cobrado los cheques o si, para fortuna de los patrocinadores, el pago por concepto de «patrocinio intercontinental» no había sido autorizado, cuando minutos antes de saltar a la cancha se le notificó al Once que el sponsor principal del evento, Toyota, sólo autorizaba la presencia un patrocinio en las camisetas de los equipos que disputarían la copa. Esto en un acto de generosidad, pues no sobra recordar que durante mucho tiempo no se aceptó ningún logo en las camisetas de los campeones de Europa y América. Ante la férrea negativa de los nipones a aceptar una excepción, el departamento de utilería del Once no tuvo más remedio que correr a la papelería más cercana al estadio para proveerse de sendos marcadores imborrables y proceder a colorear de negro los patrocinios que con mucho esmero habían sido estampados en el uniforme FSS. En Colombia, entre tanto, directivos de ambas empresas averiguaban con insistencia el número de los palcos del estadio de Yokohama.

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Aritistizábal en el Valencia

«Venga, Víctor, no hemos hablado de Valencia», «No hermano, ese tema me pone mal, hablemos de otra cosa». Verídica o no, seguramente sí, esta conversación da buenas pistas sobre el paso Víctor Hugo Aristizabal por la liga de las estrellas. Acostumbrado a instalarse rápidamente en el corazón de los equipos que lo acojen -sí, es cierto, el Cali es la otra excepción-, para el hábil ariete paisa el sueño de triunfar en Europa quedó como asignatura pendiente.
Debutó contra el Real Madrid el 26 de marzo de 1994 en un partido transmitido a todo el país cuando la liga española todavía no era la liga española para el público colombiano. Tres a dos a favor de los merengues fue el resultado final. Después de su publicitado debut, tuvo nueve oportunidades más para demostrar que el Aristizábal del Valencia no iba a ser el mismo opaco jugador de la selección sino, más bien, el brillante delantero de Nacional. Desafortunadamente, terminó imponiendose la primera y al cabo de diez partidos, «Aristi» regresaría con un pobre balance a cuestas de diez partidos jugados, cero goles anotados y una tarejeta amarilla como máximo souvenir de su breve incursión europea. .

Cuando la Libertadores era apenas una ruta de flotas. II parte.


Los motilones en 1986 no estaban pensando en mirar cómo perforar la defensa de Nacional de Montevideo por los cuartos de final de la Copa, ni mucho menos. Con tal de no ser coleros, todo valía. En este nuevo recuerdo del club nortesantandereano esta bestiarísima alineación del club que, como era su costumbre hasta hace pocos años, era la de acomodarse sin problemas en el último lugar de la tabla, por sus flojísimas respuestas en la cancha y porque los dineros no llegaban en esos tiempos a las cuentas bancarias de los futbolistas. El equipo lo dirigía Jaime Rodríguez y entre otros nombres están los del arquero uruguayo Carlos Arias, Carlos Mario Estrada, Carlos «La fiera» Gutiérrez, Jair Abonía y Rafael Casadiego..

Jerson Amur en River

La feroz rivalidad entre River y Boca tuvo, aunque usted no lo crea, su capítulo con notables arandelas bestiaristas. Fue en 2002 cuando el club de la banda pegó primero cuando anunció el fichaje del siempre polémico y algo díscolo Jerson González. Meses después, y como ya lo reseñamos, el popular club de la rivera no se amilanó y sorprendió con la traída de un Arley Dinas cuando ya no era precisamente una joven promesa.

Documentado ya el breve paso de Arley por Boca, sobre la aventura rioplatense del popular Jerson Amur podemos decir que, como todos, tuvo un debut prometedor llegando incluso a estrellar un balón en el vertical lo que le valió la efìmera etiqueta de «colombiano con buena pegada». Es claro, este siempre ha sido su fuerte. Después del debut vinieron siete partidos más en los que no le regaló a la parcial millonaria ni siquiera uno de sus tiros libres. Así la situación, el mismo Pellegini que había pedido su traída lo llevo de la mano y lo instaló en la platea del «Monumental». Allí espero hasta que, terminado el torneo, regresó a su Cali pachanguera.

Gracias, enunabaldosa.
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