El periodismo deportivo y el emprendimiento, otrora “rebusque”, van de la mano en Colombia. A veces de formas en las que preferimos no profundizar y a veces de forma harto pintoresca.
Este comercial previo al Mundial de Italia 1990 califica en el segundo paquete. En él vemos a Óscar Rentería en el intento de convencer hinchas para que compren no un paquete turístico para ir a Italia, ni el carro oficial del Mundial, ni siquiera la televisión. No. Ofrece un llavero, que debía costar no más de 10.000 pesos de la época, pero cuyo plan de negocios daba para pautar en televisión. Y aquí nos encontramos cara a cara con la otra variante de emprendimiento. Y mejor dejemos así, disfrutemos con la pieza y no nos pongamos tan trascendentales.
Si usted estuvo esa noche de octubre de 2005 en El Campín, solo hay tres posibilidades
1. Es hijo de un directivo.
2. Le dieron un carné de prensa prestado.
3. Usted es Harry Castillo (bueno, estuvo, pero no tanto).
Fue el clásico 241 de la historia (y hasta esta entrada ya iban 266). Millonarios había sido sancionado por disturbios de los hinchas en un juego previo ante Quindío y se prohibió el ingreso de hinchas de los dos clubes. Millonarios perdió 1-3. Santa Fe anotó gracias a Hirigoyen en primera instancia, y luego por el tino de Yánez, Suárez y Olveira. Gabriel Fernández botó un penal el pleno clásico -un hecho bastante común- y Harry Castillo, de tiro libre, hizo el descuento. No fue un partido inolvidable, salvo por el hecho de que las mariposas negras pegadas en las paredes del estadio superaron con creces el conteo humano y por la frase del “Pecoso” Castro ante la parsimonia de Sebastián Hernández para cobrar un corner (“¡Hágale a ver! ¡Parece que fuera ganando 5-0!”)
Imperdibles fueron los sonidos de los cuatro tiros en el palo y el ataque de rabia e impotencia del gran Pecoso al final.
Al ver este video se piensa que el Unión Magdalena iba de último por la rabia de la gente en las tribunas, pero no. El “Ciclón” iba ¡de primero en la tabla! Había clasificado a los cuadrangulares cuatro fechas antes del final del todos contra todos en el 2003. Pero perdió contra el Quindío jugando pésimo, tanto que se especuló sobre un posible amaño de ese juego que jamás se pudo comprobar. Eduardo Julián Retat estaba tan bravo como los hinchas y se aguantó los insultos del Eduardo Santos de Santa Marta. Pero uno de los principios de la doctrina Eduardojulianística es que si todo sale mal, todos deben poner la jeta, sin arrugarse. Por eso al final de ese juego agarró al defensor central argentino Sebastián Alderete, casi lo encuella y le advirtió que se disculpara porque él y sus compañeros habían dado pena en el campo.
Otros dos mandamientos que supo tener la Eduardojulianística por esos años era no tener arquero suplente (si pasaba alguna emergencia estaba Eyner Viveros para cubrir ese puesto) y usar como guardaespaldas al preparador físico del equipo para que, ante algún mal resultado, un hincha samario lo pensara más de dos veces antes de romperle el vidrio trasero del Swift rojo que poseía el gran DT del Unión.
Los clásicos de pretemporada hacen parte del paisaje de enero tanto como los lloriqueos del senador Camargo. Sólo que antes no requerían de tanto protocolo y arandelas. Eran más relajados, como este, celebrado en el Olaya a comienzos de 1990 con ambos equipos luciendo atípicos uniformes con predominio del blanco.
Y así como los equipos aprovechan las primeras semanas para ensayar variantes y probar fórmulas, los editores de los noticieros también. Aquí, los del 24 horas se dieron el lujo de incluir a un beodo durmiente y nadie les impidió congelar la imagen del “Pájaro” Juárez cuando extendía la mano y pusieron a Javier Hernández a interpretar esto como un saludo “urbi et orbi” al mundo del fútbol.
Mucho buscamos y no pudimos encontrar en toda la internet mundial 41 segundos de vídeo con un popurrí de temas tan diverso como los de esta pieza que corresponde una emisión de Teledeportes a comienzos de 1990. Incluye: declaración de principios -todas las libertades tienen que ser vigiladas”- de un Carlos Antonio Vélez más desparpajado que el conocemos, alusión a Kant, cuchuflí y rabieta, que suscribimos, por la recurrencia del nombre de Julio Gerlein Comelín en el mundo boxístico. Buen provecho.
El bestiario es una miscelánea con las rarezas, las anécdotas y curiosidades que ha parido nuestro fútbol profesional. También es un espacio para rescatar del cruel olvido a los marginados, a los que pudieron ser y no fueron y a aquellos que tuvieron sus cinco minutos de fama para nunca más volver.
1. No escribir en mayúscula fija.
2. No referirse a otros equipos de forma despectiva: chandafe, narcoanal, ramerica, pobrenarios, etc.
3. No agredir a otros visitantes.
4. No al regionalismo.
5. Este es un lugar para divertirse (no para pelear).
6. Ser tolerante.
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