
Se fue el Mundial y con él las caravanas. Atrás quedaron los viajes en camiones-tarima con policías que abrían paso. No más Hyundai de Wolfgang, burbuja de Luis, ya no hay motos cerca por si hay trancón y toca llegar a tiempo. Como pronosticamos, el fin del Mundial dejó a Bambuco mal parado, cara a cara con las vacas flacas.
Así, mientras todos los demás siguieron con sus vidas, tenían qué hacer, hoy nuestro perico padece porque en todas partes le dicen que él, de entrada, ya está sobreidentificado con una marca y que mejor ”vuelva en 30 años don bambuquito” cuando la gente ya no lo conozca. Mientras tanto se gana la vida haciendo mandados temáticos y estrena, feliz, no todo podía jugarle en contra, la norma que permite la entrada de mascotas a los sistemas de transporte masivo del país.
Foto: Ricardo Salazar.

Tenía más folclor. Permitía escenas como esta, de un saque de honor-homenaje a cargo de un empresario -Augusto LópezValencia- gerente de una empresa -Bavaria- que con su marca -Club Colombia- patrocinaba a un equipo -Santa Fe- que para la época -1992- estrenaba nuevos dueños entre ellos uno que hoy sería llamado un polémico empresario: César Villegas.
Bono: Identifique al periodista que sostiene el micrófono de Antena2 y gánese un palo de queso original de la final del Torneo de las Américas sub23.

El Bestiario del Balón, en su afán por destacar el aspecto cultural de nuestro iletrado balompié, presenta ante ustedes una de las esculturas más representativas de este mundillo en donde este pensador, a pesar de ser todo un profesional, se mueve como pez en el agua en el mundo aficionado. Como el Pensador de Rodin, el espíritu de esta efigie, más difícil de tumbar que la estatua de Saddam Hussein y vigente desde hace miles de años como un Moaí de la Isla de Pascua, era recrear la vigilancia de Dante en las puertas del Averno. Pero sus creadores grecocaldenses encontraron que su figura intelectual y pensativa representaba el infierno mismo.
Su diseño va en contravía de otras arquitecturas. Es que no fue tallada: al contrario: se fue moldeando esta enigmática estatua a punta de golpes de bolillo. Sus creadores alguna vez quisieron ponerle turbante, para darle un aire de gurú. Sin embarg sus creadores pensaron que si llevaba turbante, podría parecer una mujer. Y si era mujer con turbante, pues posiblemente le podrían dar en la jeta. Y que además medio país celebraría la golpiza. Por eso se omitió la venda en la cabeza.
En su momento se pensó hacer un cuadro con esta figura, que iba a llevar el título de “el jardín de las delicias”, pero hombres de acrílico hepático y negra vestimenta enviaron un derecho de petición para que se cambiara el título por “La jaula de las locas”.
Esta escultura podrá ser visitada en los alrededores de Teusaquillo hasta el año 2026. Ha sido tal el suceso de esta obra que se anuncia reventa de boletería para observar semejante espécimen.

Imagen tomada del diario OLE.

Adivine qué le está diciendo Javier Fernández a su tocayo y gane unas onces a todo timbal en compañía de Bambuco en el tradicional salón Yanuba de Bogotá.

Foto cortesía @pera1ta

El cambio de ilumación en el estadio El Campín para el Mundial Sub 20 recibió muchos aplausos, sin embargo, la Unidad Investigativa del Bestiario del Balón siempre está pendiente de lo que ocurre tras bambalinas.
Mientras que uno de los miembros de su redacción salía de la tribuna de prensa para hacer un avance electrónico con la tarjeta Visa (patrocinador del Mundial) para pagar unas vuvuzelas criollas que le encargaron desde Sudáfrica, se dio cuenta de un detalle digno del inspector Ruanini en la sección “Pille el detalle” de Sábados Felices.
Dos trabajadores de overol y walkie talkie marca Fisher Price corrían alrededor de la torre noroccidental con un par de cables gruesos. Su misión: perfilar y cambiar el ángulo de las luminarias que cuelgan de las torres para que alumbren mejor ciertas partes de la grama, de acuerdo a las instrucciones que recibían por sus aparatos electrónicos.
“Más a la derecha”, “más a la izquierda”, “quédese ahí-ahí-ahí-ahí” eran las órdenes, como si estuvieran ajustando la vieja antena del televisor.
La avanzada técnica -toda una perla de la inagotable malicia indígena- ya fue patentada y estadios como el Parque de Los Príncipes, Alí Sami Yen, Camp Nou y Anfield Road estudian la manera de comprar una franquicia para hacer lo mismo, todo por el bien del enfoque lumínico de sus coliseos.
El ingenio de un periodista:

Elenco: Felipe Russi, Sra. de Russi y espontáneo.

La foto data de 2008. Hacía apenas algunos meses que Millonarios no clasificaba a unos cuadrangulares semifinales, su presidente, Juan Carlos López, todavía gozaba de algún margen de credibilidad y la hinchada disfrutaba de una sorprendente campaña en la Copa Suramericana de la mano del acriollizado Mario Vanemerak. Una vez el obturador se abrió de nuevo, las desgracias llegaron por docenas: los azules no volvieron a oler una semifinal, fueron eliminados de la Suramericana, su técnico se dedicó a sacarle tocos a las puertas de los camerinos del país y su sede se convirtió en punto de romería de chepitos de todas las calañas.

Fijarse en el segundo apellido de un futbolista puede sacar de apuros a un periodista con ansias de originalidad. Este fue el caso del reportero de turno, argentino, de El Gráfico, sospechamos, cuando se le encomendó la tarea de retratar al arquero colombiano de Independiente Farid Camilo Mondragón Alí. Luego de agotar todas las vías posibles para la consecución de un dragón, el comunicador recurrió al segundo apellido del guardameta y luego al viejotruco de la asociación libre: segundo apellido, Alí, Alí Babá, Turbante, árabe, alfombra. El resultado fue esta simpática postal que corre el riesgo de ser reciclada el día en que Arroz Roa decida probar suerte en el mercado argentino.
Imagen: Pablo César Velasco.