
De la línea de producción de la reconocida ensambladora Sofasa -su anterior empleador- al Parque Estadio brincó a comienzos de 1996 este delantero paisa, orgullo del barrio Trianon. Este salto fue posible gracias a su brillante desempeño en el tradicional torneo vacacional de Envigado a finales de 1995 cuando fue gran figura defendiendo los colores de su barrio. Poco importaron sus veinticuatro años cuando al terminar el torneo, el Envigado F.C. lo invitó a probarse con el plantel profesional. Sin problemas superó las pruebas y no tardó en engrosar la nómina naranja para el torneo 1998. Dos brillantes temporadas con una producción goleadora que se acercó a las dos decenas, convencieron al Nacional para contratarlo como refuerzo a comienzos del 2000. Pese a un rendimiento a todas luces aceptable, con capítulos memorables como el número diez que lució en su espalada durante la Copa Merconorte del 2000 y los cinco goles que alcanzó a convertir en los clásicos antioqueños, el popular «Sofasa» no logró convencer a los directivos verdes para que lo llamaran a firmar contrato a comienzos de 2004.
Terminado su ciclo en Nacional, Agudelo fue a templar a Manizales, a donde llegó en silencio y sin saber que una conjunción de Júpiter con Plutón, cuando todavía era planeta, lo tenía en el lugar indicado en el momento correcto, como refuerzo del futuro campeón de América. Título en el que Agudelo contribuyó con un gol de gran factura en el último minuto contra Barcelona de Guayaquil y un postrero gol al Sao Paulo que todavía hoy se celebra en Manizales. Pero la suerte que, insistimos, es celosa y es mujer, se encaprichó con él y pocos días después de los festejos por la hazaña, todavía con confetis enredados en su cabellera, recibió la triste noticia del positivo por cocaína en un control antidoping suyo posterior a uno de los partidos de la Copa. Inmediatamente conoció la noticia, Agudelo argumentó que sí, que no sólo había consumido sino que incluso había sido víctima de una sobredosis, pero de mate de coca, jamás del sicoactivo. Sin ni siquiera escucharlo, la directiva caldense reaccionó cancelándole el contrato y convirtiendo al héroe en villano de un solo plumazo.
Superado el oprobio, Agudelo hizo lo que tenía que hacer: fichar con el más tradicional de los rivales del Once, el Pereira. A orillas del Otún no pudo brillar de la misma forma que lo hiciera a orillas del Ruiz y pronto partiría atraído por otro volcán, el Galeras esta vez. En Pasto tampoco encontró su forma y seis meses después regresaría a casa, al Envigado, de donde partiría a comienzos de este año para engrosar las filas del Patriotas de Boyacá. Desavenencias con la directiva del equipo boyacense lo convencieron de colgar los guayos terminando el torneo apertura ya con 35 abriles a cuestas. Hoy es una joven promesa del negocio del transporte público en Medellín; oficio que lo ocupa mientras espera, ansioso, el desenlace de la demanda que le interpuso al Once de Manizales por no haberlo ayudado a digerir esos tragos amargos de mate de coca.
Con la colaboración de fusilero.
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