Category: Mejor se hubieran quedado

Facundo Argüello y el mito de la eterna juventud

Por , 2 septiembre 2009 6:35 pm

Facundo-Arguelloversionpequena

Fue miembro del Millonarios reluciente de Fernando Castro en 2005, ese que supo ganar cinco partidos de manera consecutiva a durísimos adversarios como Envigado y  Huila entre otros.   Dicen que el argentino, de trayectoria en colosos de su país como Instituto de Córdoba, Huracán, Nueva Chicago y Almagro, usaba el truco de la “lengüeta capilar” -timo ideado por los oficinistas calvos que consiste en dejar crecer parte del pelo y cubrir la zona calva con un revés de peinilla- para simular menor edad (ver imagen).

Pero la juventud, en vez de ser su arma para convencer, resultó una contrariedad porque en el vestuario los veteranos se la montaban por ser el “primíparo argentino” y fueron varias las ocasiones en las que “Facu” tuvo que encargar a droguerías vecinas, tarros de crema cero para curar la irritación que dejaban los fuetazos que sus compañeros le pegaban con las toallas cuando salían de las duchas.

Es que el truco del pelo estaba tan bien montado que al verlo, hasta el sub 18 pensaba: “qué lozanía la que tiene este muchacho”. Pero claro: a la “mascota” del equipo se le quiere y protege, pero también se le cobra derecho de piso. Una tarde, cuentan los avezados periodistas que cubren los entrenamientos de doble jornada, afirman que el plantel le escondió el único par de guayos que tenía sobre el techo de la cafetería de la sede campestre ubicada en la autopista.

Además dicen que Argüello, desconocedor de las rutas bogotanas y con afán de encontrar sus guayos Fasttrak, salió a pie del campo de entrenamiento, llorando como un niño, a las diez de la noche, cinco horas después de terminada la práctica, luego de encontrar sus zapatos. Un amable conductor de grúa que lo vio en la berma de la autopista lo recogió conmovido y le dijo: “mijito, ¿quién es su acudiente? usted está muy chiquito para estar por acá callejeando”.

Hizo dos goles (uno en un 3-3 ante Quindío en Armenia y otro en un 2-2 frente a Pasto). Los directivos decían: “este pelao la está embarrando mucho para tener apenas 15 años, pero es joven. Tengámoslo unos tres años más para que coja confianza y experiencia y lo vendemos a Europa. Nos vamos a tapar de plata”.

Sin embargo, un día se cayó la mentira: cuando iba a ser inscrito como el “pelao de la norma”, se asustó y más, en el instante que un comunicador encontró sendos frascos de Pantene y Regaine en su maletín -nadie preguntó por qué estaba esculcando el periodista la maleta de Facundo, pero igual se reveló todo-

Desesperado de tantas mofas sufridas, Argüello se reacomodó el pelo y mostró entradas dignas de Jota Mario Valencia. Gritó “¡Sí! ¡Soy un viejo! ¡No se habían dado cuenta, idiotas!

Todos se miraron y no podían creerlo. Facundo ya estaba coqueteando con la crisis de los 30 y no estaba para niñadas. Por eso se fue, con un combo infantil de Cali Vea bajo el brazo y el rumor de que sería extra en Benjamin Button y de que su fichaje para el Deportivo Vida de Honduras estaba listo. Solamente se cumplió la segunda.

Leo Fernández

Por , 23 abril 2009 11:11 pm

LeonardoFernandez

Contribución: “Il Bambino”

Tras la inolvidable final de diciembre del 2004 Nacional quería asegurar el único talón de Aquiles que le quedaba: el arquero, pues Milton Patiño se destacaba por sus ceñidas prendas, pero no por ser prenda de garantía y la juventud de Andrés Saldarriaga sembraba nervios entre cuerpo técnico y directivos. Fue así como llegó Leo Fernández, el arquero argentino nacionalizado boliviano. Por su aspecto, me recordó aquellos gorditos que en mi infancia tenían que ser los dueños del balón para poder hacerse a un lugar en el equipo del barrio. Más aún: me recordó aquellos gorditos que, no obstante fueran los dueños del balón, estaban condenados a ser arqueros muy a pesar suyo.

Llegó tarde como casi todas las contrataciones foráneas del verde. Por lo tanto, no pudo debutar contra el América, primer partido del año. En lugar de eso se fue para la barra situada en la tribuna popular sur del Atanasio junto con Chicho para ser presentado en “sociedad”. Más allá del marcador, lo anecdótico fue que dos jugadores venidos del sur del continente estuvieron presentes en la tribuna sur “dando aguante”. Aguante que le sirvió para aguantar un buen tiempo en banca mientras el entonces joven Andrés Saldarriaga aflojaba y el boliviano-argentino se ponía a punto.

El premio a su constancia y aguante finalmente se dio cortesía de una expulsión de Saldarriaga por una patada criminal a un delantero del Tolima en el partido en que los del “Sachi” Escobar perdieron 1-3 como local contra los pijaos. Gracias a esto Fernández pudo debutar en la fecha siguiente contra el Unión Magdalena; dicho partido fue de trámite y lo ganó el para ese entonces subcampeón por 2-0, nada del otro mundo. Tocó esperar hasta la siguiente fecha para el abrebocas de lo que nos tenía preparado. En un partido contra el Deportivo Cali apostó junto con José Carlo Fernandez, su compatriota y arquero del verde caleño, a quién se dejaba hacer mas goles. Magra actuación para ambos: cada uno encajó de a 3 goles por parte de su rival.

Hasta que llegó la fecha 11. Inolvidable para la hinchada verde fue aquella noche en la que con una tripleta Aristizabal alcanzó su goles 300 y 301. No obstante, el marcador fue de 3-2. Los dos goles del cuadro visitante, Bucaramanga, no fueron autoría de los delanteros canarios…fueron autoría de ¡Leo Fernández! Memorable par de gazapos que permitieron el empate transitorio aquella noche. Para la fecha siguiente, Andrés Saldarriaga recuperó la titular para tranquilidad de la parcial verde.

Sólo en la fecha 18 volvería Fernández a ocupar el arco nacionalista ante un merecido descanso de la nómina titular. Esa vez, ante el Junior, fuimos testigos de los desatinos del personaje en cuestión. Fueron tan sólo dos goles: en las estadísticas se dirá que fueron Rodrigo Teixeira y Jamersón Rentería los autores. Pero no nos engañemos, con su incapacidad, con su figura entrada en carnes, puso también su cuota.

Después de esta desafortunada salida , Andrés Saldarriaga se adueñó (brevemente) del arco verde y como titular dio la vuelta olímpica mientras Fernández aguantaba en la tribuna hasta que fuera hora de devolverse. Desde las gradas vio como su equipo derrotaba a Santa Fe para conquistar así la octava estrella.

Su capacidad para el aguante hicieron de él un refuerzo ideal para…el Palestino de Chile. Después pasó por el Aucas, por su natal Oriente Petrolero y más recientemente se le ha visto en el Real Mamoré boliviano. .

Miguel Ximénez

Por , 19 abril 2009 1:08 pm

Ximénez era el seudónimo de un recordado cronista que en los años 30 se esmeró en construir amenos relatos ambientados en el bajo mundo bogotano. También fueron su fuerte las historias de los suicidas que elegían al paisaje del río Bogotá despeñandose por el Salto del Tequendama como el último recuerdo de su paso por este mundo. Fue en este lugar donde, por descender en búsqueda de una pareja que puso fin a su idilio y a sus días en este paraje cundinamarqués, pescó la pulmonía que lo llevaría a él también a la tumba semanas después.

Ximénez es el apellido de un delantero uruguayo que a finales de la primera década del siglo XXI (2007) se esmeró en evitar ser protagonista de los relatos que de los partidos del Junior de Barranquilla hacían los cronistas de todos los medios. En los ocho partidos que jugó procuró siempre mantenerse alejado del protagonismo que sólo puede dar el arco contrario. Terminado su paso por Barranquilla sin hacer ruido abandonó la ciudad rumbo a Lima en donde 32 goles marcados en 42 partidos con el Sporting Cristal el año pasado hicieron de él casi una leyenda. .

Esteban González

Por , 6 abril 2009 12:35 pm

Parece como si se tratara de un negocio, de un oscuro tráfico de certificados de “yo pasé por las reservas de Boca y hasta debuté o al menos estuve a punto”. El hecho es que cada vez son más los jugadores que aterrizan en Colombia esgrimiendo este dudoso pergamino. En la lista encontramos jugadores como Raúl Andrés César, Jorge Ramoa, Luis Abdeneve, Angel Guillermo Hoyos, más contemporáneos a Jonathan Fabbro, Gastón Sangoy, Carlos Marinelli y a nuestro homenajeado de hoy: Esteban González.

Con su paso por las inferiores de Boca escrito en negrilla en su hoja de vida y después de una vuelta por Europa donde pasó sin ningún suceso por el Chievo Verona (en el registro aparece un rechoncho “0″ en la casilla correspondiente a partidos jugados) y por el Lugano de Suiza (22 partidos, 6 goles), González llegó a Ibagué como flamante refuerzo del Deportes Tolima a comienzos del 2003. En el feudo del indio pijao nunca pudo desmostrar las condiciones que le permitieron hacer parte de la reserva de Boca y por ese motivo nadie se inmutó cuando anunció a mitad de año que había decidido subir a Bogotá a militar en un club hoy más famoso por no negarle jamás la oportunidad de vestir su camiseta a jugadores portadores de pasaportes no vinotinto que por las 13 estrellas que adornan su escudo desde hace ya 21 años.

En Millonarios (adivinaron) tuvo una historia llamémosla “complicada”. Espontáneos brotes de talento no lograban ahuyentar el tedio que producía su desempeño como volante “10″. Jugó de titular casi todo el semestre sin convencer jamás del todo a la parcial. Situación que por poco toma otro rumbo cuando en su penúltimo partido estuvo a un paso de despejar dudas y recibirse de ídolo azul contemporáneo (sitial no muy difícil de coronar y que todavía hoy es patrimonio de Gabriel Fernández).

Era la penúltima fecha del cuadrangular semifinal; a Millonarios le bastaba un empate en su partido de local contra el Cali para asegurar su paso a la gran final. Después de terminar el primer tiempo con un 0-2 en contra, para el segundo tiempo los de Norberto Peluffo mostraron otra cara y con un golazo del argentino, impecable remate de fuera del área, apretaron el marcador. Poco después Julián Téllez consiguió un empate que mucho se celebró pero de poco sirvió porque un cabezazo de Milton Rodríguez faltando minutos para el final dejó a Millonarios lejos de la final y a Esteban González con las ganas de instalarse en el devaluado parnaso azul.

Para el año siguiente, encontró refugio en Pasto, donde tuvo nueve partidos para marcar un gol. De ahí, unos meses de reflexión en la primera C de su país con el Villa Dalmine de Campana. Después: la ruta Azteca que comenzó por en 2005 por Estudiantes de Santender, después Indios de Juárez, de ahí salto a Tampico Madero, y de ahí corra al Correcaminos para recalar finalmente en el Querétaro, club en el que ya acumula 4 partidos jugados. En sus cuatro años en México acumula un aceptable saldo de 32 goles, goles que seguramente cambiaría gustoso por unito más esa noche lluviosa de 2003. .

Leonardo Martins

Por , 14 marzo 2009 8:43 pm

Detrás de todo gran bestiarista siempre se esconde… otro gran bestiarista. Esta máxima se cumple a la perfección en el caso de este volante uruguayo que por haber permanecido a la sombra del carismático paisano suyo Óscar Quagliatta no había podido recibir un homenaje merecido por donde se le mire.

Procedente de River Plate (de Montevideo), llegó a Cali para reforzar al equipo del “Pecoso” para la temporada 1995-1996. Al llegar, no sólo se encontró con su compatriota Quagliatta, también con que Martín Zapata y Andrés Estrada se venían desempeñando con lujo de detalles justamente en el puesto al que el “yorugua” aspiraba. Al ver que eran mínimas sus posibilidades de actuar, Martins, suponemos, pidió el favor en la sede administrativa de que se le emitiera un certificado laboral en el que apareciera como arquero sólo para poder acceder a la porción terrestre del reputado plan turístico “venga a Cali, tape en el Cali“. Entre Juanchito, el zoológico y visitas cada vez más frecuentes a la casa de los Quagliatta, a Martins le alcanzó el tiempo para jugar algunos partidos en los que llegó incluso a marcar goles. Se recuerda uno, de buena factura, contra el Huila y otro contra Millonarios. Goles que no le sirvieron para dar en junio la vuelta olímpica con el resto del plantel: para mayo su nombre desapareció de la nómina azucarera privándolo de ser parte activa de los festejos por la sexta estrella.

Sobre su repentina desaparición, asegura una fuente que esta se debió a que su gol contra el Huila fue incluido en un compacto con los mejores goles de la semana en un noticiero uruguayo. Noticiero que fue visto por un alto directivo de la agencia de viajes quien así se dio cuenta de que su más reciente cliente claramente no era el arquero que decía ser. Ofuscado, pidió que lo comunicaran con Martins para decirle que en su agencia hacían fila por lo menos 15 arqueros de verdad ansiosos de comprar el paquete completo, no sólo la porción terrestre.

Ya de regreso en Uruguay volvió a salir del país (con otra agencia) rumbo a Asunción, donde reforzó a Cerro Porteño. Poco después regresó para engrosar las filas del legendario Tanque Sisley, club en el que puso fin a sus días (como futbolista). .

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